La percepción en el sector público, empresarial y en los círculos académicos de los cambios en los vínculos bilaterales.

"Luna de miel". Así definió un empresario argentino el estatus de la relación bilateral entre la Argentina y los Estados Unidos, que posiblemente continúe en este idilio si las elecciones del próximo martes en este país las gana la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton .

La percepción es casi uniforme en el sector público, empresarial y en los círculos académicos en Washington: el inicio del gobierno de Mauricio Macri significó un punto de quiebre respecto de los problemas iniciados luego de la explosión de la convertibilidad, pero particularmente desde 2005.

Y si bien todo lo que rodea al candidato republicano Donald Trump es incierto (sus ideas más allá de los insultos y su probable equipo), nadie espera que haya un cambio violento en este tema si el excéntrico empresario vence a HIllary.

Un experimentado funcionario de Washington, en la campaña se pueden decir muchas cosas radicalizadas, pero luego en EE.UU. naturalmente quien asume la presidencia tiende a adoptar posiciones más moderadas, en el centro del pensamiento.

Por esta razón, es posible que el entusiasmo en torno de cualquier nuevo acuerdo de libre comercio permanezca congelado uno o dos años, hasta que el sucesor de Barack Obama logre que se supere el enojo de una parte de la ciudadanía hacia la globalización que este país ha exportado a todo el mundo y con la cual consolidó su poder económico.

En cualquier caso, el reconocimiento hacia Macri surge de los dos partidos.

"La Argentina muestra que la democracia funciona y que es una historia exitosa", señaló a LA NACION Dan Fisk, ejecutivo del Instituto Internacional Republicano.

Fisk, funcionario de tres gobiernos republicanos, todavía recuerda con amargura la cumbre de Mar del Plata del 2005 en la que Néstor Kirchner consolidó su vínculo con Hugo Chávez a través de su rechazo al ALCA y el episodio del 2011 en el que el canciller Héctor Timerman rompió con un alicate una valija en un avión militar de Estados Unidos en Ezeiza.

Desde entonces, como comentó un investigador de Georgetown, la Argentina pasó a ser irrelevante.

En los círculos demócratas hay coincidencia. "El proteccionismo es una amenaza real, pero con la Argentina de todos modos está la oportunidad para tener una mayor integración", comentó a LA NACION un ex funcionario de la administración Obama.

El experto de Georgetown elogió en particular el trabajo del ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, y del embajador Martín Lousteau, para restablecer un alto nivel de confianza. "Con Hillary se va a mantener en buenos términos la cooperación económica y comercial, en temas de seguridad y de narcotráfico", expresó.

En el Departamento de Estado existe la misma buena voluntad y el elogio a la reconstrucción a un nivel impensable hace un año atrás.

La visita a Buenos Aires del presidente Obama, del secretario del Tesoro Jack Lew y de otros importantes funcionarios norteamericanos, simboliza esta normalización, así como también el regreso del Eximbank para otorgar créditos y seguros a las empresas norteamericanas que quieran exportar o invertir en la Argentina.

"Hacer reformas no es fácil y la Argentina las hizo en menos de un año", señaló Robert Morin, uno de los vicepresidentes del Eximbank, en la mesa que compartió días atrás en la Amcham con el ministro de Producción, Francisco Cabrera.

Los próximos capítulos por escribirse son el regreso de algunos productos a este mercado, como los limones y la carne, y la llegada de las esperadas inversiones, que, a menos que ocurra algún elemento muy disruptivo, tienen grandes posibilidades de concretarse en los próximos años.

Fuente: kanacioncom.ar

E,.C

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