SALUD  3 de mayo de 2017
Cómo ayudar a un mejor desarrollo neuronal en los chicos
Los estudios del cerebro demuestran que, además de alimentación y cuidados, otros factores mejoran el aprendizaje y la maduración. Mirá, es muy simple.

Los estudios sobre el cerebro han demostrado que tan importante es aportarles a los niños una alimentación adecuada y equilibrada, como acariciarles con la voz y con las manos, así como mecerles, no sólo porque esto les calma, sino porque además les produce una estimulación vestibular que favorece la formación de redes neuronales que rodeándose de mielina, garantizan “el milagro” del desarrollo infantil.

Cuando los bebés están bien tratados y estimulados correctamente por sus padres y por otros adultos del entorno familiar, es maravilloso observar la progresión de sus aprendizajes. Cada nuevo día los bebés bien tratados logran nuevas capacidades. Esto también es posible en el caso de niños y niñas adoptados o acogidos, pero según las experiencias tempranas adversas, los cambios son más lentos y a veces la reparación no es total.

Un recién nacido tiene, durante las primeras semanas de vida, capacidades muy limitadas. Puede, por ejemplo, comunicar a través del llanto sus estados internos y sus necesidades, mamar del pecho de su madre o de una mamadera y responder a contados estímulos del entorno. Si este recién nacido es bien cuidado y estimulado, a los tres o seis meses o un año este bebé habrá experimentado una transformación espectacular.

Cada vez más el bebé puede comunicarse activamente, explorar con curiosidad su entorno y desplazarse a medida que pasan los meses ganando progresivamente más autonomía. Este proceso alcanza su apogeo cuando alrededor de los 18 meses de vida empieza gradualmente a expresar su mundo interno y lo que observa utilizando palabras. A través de estas palabras, el niño o la niña entrarán en este maravilloso pero complejo mundo de la representación simbólica, de su experiencia y de la realidad que lo rodea. Esta posibilidad emerge también, gracias a los estímulos del entorno, especialmente de los padres, si tienen la competencia necesaria para reconocer a sus hijos como sujetos de comunicación, hablándoles regularmente. El logro de la capacidad de hablares mucho más que el resultado de un proceso de mimetismo, por esto los niños y las niñas queridos y tratados como personas, reconocidos en sus capacidades para conversar y comprender, hablarán mucho antes y mejor que aquéllos que no reciban afecto o consideración de sus capacidades.

Los cuidados, el afecto y la estimulación son los estímulos más importantes para el proceso de auto-organización cerebral, que entre otros es lo que permitirá a los niños y niñas el desarrollo de diferentes modos de procesamiento de la información, como resultado de las experiencias positivas o negativas que se derivan de las relaciones interpersonales significativas, en particular con sus progenitores u otros cuidadores (Siegel, 2012).

La auto-organización del cerebro y en consecuencia la de la mente, es el objetivo central del desarrollo psíquico infantil integral y las competencias de los padres y las madres, su motor. Sin los cuidados de un adulto competente, el cerebro de un niño corre riesgo de atrofiarse, tal como lo revelan las imágenes del escáner del cerebro de niños privados de alimentos, de afecto y estimulación. Por otra parte, los niños y las niñas que gracias a los aportes mencionados tienen un cerebro maduro y bien organizado pueden ser educados más fácilmente sobre todo cuando los adultos les tratan con respeto y empatía, lo que no es incompatible con la autoridad. Además, llegan a construir una identidad individual y social si el entorno humano les proporciona relatos coherentes, verídicos y respetuosos de los derechos humanos.

De una manera general, los buenos tratos infantiles son el resultado de las competencias que las madres y los padres tienen para responder a las necesidades del niño, y también para apoyar esta tarea. En esta óptica los buenos tratos a un niño o a una niña no son nunca un regalo o una casualidad producto de la suerte. Al contrario, es una producción humana, nunca puramente individual ni únicamente familiar, sino resultado del esfuerzo del conjunto de una sociedad.

Las capacidades que las madres y también los padres poseen son el resultado de sus experiencias de cuidado, protección y educación que ellos como hijas e hijos recibieron de sus padres o cuidadores. Las experiencias positivas con sus madres y padres cuando fueron niños, son la principal fuente de recursos necesarios para ofrecer buenos tratos a sus hijos e hijas en el presente. Esto explica que un gran número de padres y madres puedan incluso cumplir su papel en situaciones tan difíciles como los contextos de pobreza, guerra, exclusión social o persecuciones por diferentes causas. Las tareas de una madre o de un padre se facilitan cuando encuentran en su familia extensa, así como en su barrio y/o comunidad fuentes de apoyo social. Por otra parte, las características singulares de cada hijo o hija orientan sus necesidades y marcan la relación con sus padres, influenciando a su vez el proceso en su conjunto.

Nuestro modelo de buen trato, intenta poner el acento en los recursos y competencias de las madres y de los padres, más allá de los fallos y carencias de una familia o de una sociedad. Pero insistiendo que, cualesquiera sean las circunstancias de una familia o de una sociedad, los buenos tratos a los niños y niñas es un derecho fundamental de éstos y un deber de la sociedad adulta de procurárselos.

En nuestro modelo, los cuatro elementos que componen los procesos sociales donde emergen los buenos tratos son:

* los recursos y capacidades de las madres y de los padres,

* las necesidades de los niños y niñas,

* las fuentes de resiliencia de todas las personas implicadas en el proceso

* y los recursos aportados por la sociedad.

Éstos se relacionan dinámicamente entre sí: de tal manera que cuando las necesidades del niño o de la niña aumentan o se modifican, las competencias parentales y los recursos comunitarios deben adaptarse para responder a estos cambios. Por ejemplo, cuando la violencia de las desigualdades sociales y de la guerra, o la violencia intrafamiliar, están presentes, aumentan crean nuevas necesidades para los niños y las niñas, es fundamental aportarles recursos sociales, educativos y terapéuticos para reparar el daño provocado por estas situaciones.

Las tareas de la madre y del padre cuando se cumplen, son fundamentales para asegurar los cuidados, la protección y la socialización de las crías que nacen inmaduras y dependientes de los adultos, hasta alcanzar su madurez. En general, son las madres las que en las diferentes culturas desarrollan esta tarea. Existen diferentes explicaciones, pero la más probable puede que tenga que ver con el predominio en todas las culturas de la ideología patriarcal, que designa esta tarea de la crianza a las madres.-

 

 

* Extractos del libro La inteligencia maternal, manual para apoyar la crianza bien tratante y promover la resiliencia entre madres y padres (Barudy, Dantagnan, Comas y Vergara), Ed. Gedisa.



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