La interrupción repentina de la circulación cerebral es la tercera causa de muerte en nuestro país y la primera de discapacidad.

Nuestro cerebro vive gracias a que se encuentra irrigado a través de las arterias cerebrales. Así la sangre lleva el oxígeno necesario para que nuestras células nerviosas puedan vivir. Denominamos accidente cerebrovascular o ACV a la interrupción repentina de la circulación cerebral.

Esto puede producirse porque se obstruye o tapa una arteria y en este caso se denomina ACV isquémico o porque se rompe una arteria produciendo una hemorragia como en el caso de los aneurismas cerebrales. Los ACV isquémicos representan el 80% de los casos quedando para el 20% restante los ocasionados por hemorragias.

En nuestro país se produce un ACV cada cuatro minutos. Para saber sobre la magnitud de lo que estamos hablando debemos decir que el ACV es la tercera causa de muerte en nuestro país y la primera de discapacidad. Entendemos por discapacidad al daño neurológico producido por los ACV en aquellos pacientes que sobreviven al ataque agudo. Los condicionantes del accidente cerebrovascular son aquellos mismos que alcanzan al corazón. Es por ello que decimos que lo que le hace bien al corazón le hace bien al cerebro, y lo que le hace mal al corazón le hace mal al cerebro. Esos factores de riesgo son: la hipertensión arterial, el colesterol, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo, el cigarrillo, las arritmias cardíacas y el estrés.

Es muy importante detectar a tiempo los síntomas ya que la atención precoz es determinante para un adecuado tratamiento y la disminución de las secuelas. (La Nación)

GA.

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