Aquí la podes descubrir.

Desde la terraza de un observatorio, un grupo de turistas revolotea alrededor de unos binoculares de libre acceso y se ríen cuando detectan a unos campesinos que cultivan la tierra del otro lado del río Imjin. Están en la opulenta Corea del Sur y los campesinos a los que miran sudan bajo el sol de Corea del Norte.

La imagen es un reflejo de los enormes contrastes entre dos países que alguna vez fueron el mismo y cuya frontera es una de las zonas más calientes del planeta. Hasta la capitalista e hiper desarrollada Corea del Sur viajó hoy Donald Trump en su gira asiática. Su atención, sin embargo, estuvo puesta en su némesis, la comunista Corea del Norte.

Puesto de control a lo largo de los 238 km de longitud de frontera entre ambas Coreas

 

La guerra, por ahora dialéctica, entre el presidente de los Estados Unidos y Kim Jong-un, el líder norcoreano que desafía al mundo con su programa de armas nucleares y sus pruebas de misiles, tuvo ayer un respiro: por una vez, el presidente de Estados Unidos eligió ejercer la cautela. Se habrá contagiado de las autoridades y ciudadanos surcoreanos, que viven como si no tuviesen de vecino a uno de los líderes más belicosos del planeta. "Estamos preparados para utilizar la totalidad de nuestras imbatibles capacidades militares si fuera necesario", apuntó Trump, quien luego añadió que espera sin embargo que "nunca tengan que ser utilizadas".

Puente de la Libertad, donde se realizaba el intercambio de prisioneros

"Nosotros tenemos un bolso con todos los documentos preparados por si tenemos que salir de emergencia", dice Federico Heinzmann, un argentino que se acaba de ser padre y es el chef ejecutivo del Park Hyatt de Seúl. Pero las emergencias para la que están preparados, señala, son más bien climáticas. Durante un almuerzo en el que partició LA NACION en su visita a Corea del Sur, hace diez días, todos los celulares de la mesa comenzaron a sonar al mismo tiempo. Los coreanos los miraron sin apuro, era una alarma del sistema de alertas del Gobierno anunciando que para el día siguiente había un pronóstico de tifón, algo habitual en la zona. Nadie se inmutó.

Observatorio y museo de Odusan en la confluencia de los ríos Hangang y Imjingang en el fondo, Kijongdong conocido en Corea del Norte como Pueblo de la Paz y en Corea del sur como Pueblo de la Propaganda.

"Nosotros tenemos un bolso con todos los documentos preparados por si tenemos que salir de emergencia", dice Federico Heinzmann, un argentino que se acaba de ser padre y es el chef ejecutivo del Park Hyatt de Seúl. Pero las emergencias para la que están preparados, señala, son más bien climáticas. Durante un almuerzo en el que partició LA NACION en su visita a Corea del Sur, hace diez días, todos los celulares de la mesa comenzaron a sonar al mismo tiempo. Los coreanos los miraron sin apuro, era una alarma del sistema de alertas del Gobierno anunciando que para el día siguiente había un pronóstico de tifón, algo habitual en la zona. Nadie se inmutó.

Un pequeño grupo de empresas -Samsung, LG, Hyundai- controlan casi todos los aspectos de la economía y son la fuerza detrás de uno de los despegues económicos más asombrosos de la historia de la humanidad. En 1960 Corea del Sur tenìa un PBI per cápita de 79 dólares. Hoy ronda los 37.000. Sus vecinos de Corea del Norte hicieron el camino inverso. Estas enormes diferencias son las que alimentan un conflicto que los surcoreanos se esmeran en menospreciar.

Cintas de oración colocadas por visitantes que desean la paz y la unificación de las dos Coreas

La necesidad de garantizar la seguridad de su país se volvió dramática porque el año que viene los Juegos Olímpicos de invierno se realizarán en Pyeongchang, una ciudad montañosa del norte de Corea del Sur. Varios equipos europeos pusieron en duda su participación por la escalada en la retórica bélica de Kim Jong-un y lo mismo podría ocurrir con los posibles turistas.

Puesto de control y vallado a lo largo de los 238 km de longitud de frontera entre ambas Coreas

Ajenos a esto y confiados en la prepotencia del trabajo que les permitió escapar de la pobreza, en Pyeongchang abandonaron la calma de aldea y la ciudad ahora está atravesada por obras, máquinas y operarios. Por estos días están terminando la rampa para salto de esquí, una gigantesca estructura de 125 metros desde donde se lanzan los atletas. La zona de aterrizaje, que durante los Juegos estará cubierta de nieve, fuera de temporada es una cancha de fútbol. Con poco menos de 100.000 km2 de superficie, muchos de ellos montañosos, y casi 50 millones de habitantes, en Corea del Sur aprovechan cada metro. Desde el tren, en las escasas zonas donde ceden las ciudades, los espacios verdes siempre aparecen cultivados, por más pequeños que sean.

Choi il Hong es el manager de Alpensia, uno de los complejos donde se desarrollarán las competencias y admite la preocupación por las cuestiones de seguridad antes de enumerar las intensas medidas que implementarán para evitar cualquier sorpresa. "Todo estará tranquilo", asegura antes de brindar la cifra de inversión para los Juegos: 14.000 millones de dólares.

Antiguo (con marcas de balas) y nuevo puente ferroviario en la frontera entre ambas coreas

A pocos kilómetros de allí, en la zona desmilitarizada de 250 km de largo y 4 km de ancho que divide a ambos estados, se combinan los rigores de la guerra y las frivolidades de un parque de diversiones. Los alambres de púas y las casillas militares que la recorren se interrumpen en un parque temático, con barco pirata incluído, que el gobierno de Corea del Sur montó para satisfacer a los turistas que se acercan a observar uno de los últimos resabios de Guerra Fría.

Hay banderines con inscripciones pacifistas, carteles y mapas que explican la historia, los restos de los puentes que alguna vez atravesaron el río para unir las dos Coreas y una locomotora zurcida por las balas que la inutilizaron en medio del conflicto.

Esta zona fue la más cruenta en la guerra que duró de 1950 a 1953. El conflicto involucró a los estados comunistas apoyando al norte y los capitalistas al sur y fue cruento. No existe una cifra oficial de víctimas, pero se calcula que murieron más de 3 millones de personas. Nunca se firmó la paz definitiva y ninguno de los dos estados reconoce a su oponente. Hasta este rincón, uno de los más conflictivos del planeta, viajó Trump con su cuenta de Twitter, por ahora, pacificada.

Fuente La Nación

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