El Gobierno socialista recomienda a la población que tome «baños más rápidos y con menos frecuencia» para intentar ahorrar agua

Portugal vive la mayor sequía de su historia y el Gobierno socialista de António Costa ya lo admite de forma abierta, en vista de que el mes de octubre ha sido el más caluroso de siempre y de que los turistas en pantalón corto siguen invadiendo la Baixa de Lisboa en este final de noviembre. Los ríos Tajo y Duero llegan de España al país vecino con caudales muy bajos, lo que genera preocupación en las autoridades.

La situación es gravísima en más del 85% del territorio continental (quedan al margen los archipiélagos de Madeira y Azores, como es natural) y los cortes nocturnos de agua están a la vuelta de la esquina. Así lo anunció el secretario de Estado de Ambiente, Carlos Martins, obligado a convertir en realidad los temores de la población en determinadas zonas del país: racionamiento puro y duro.

La alarma constituye una seria amenaza y, detrás de sus palabras de aviso, no deja de subyacer una petición acuciante: intentar que los ciudadanos sean conscientes de las dificultades y, sobre todo, que se habitúen a consumir menores cantidades de agua.

Las recomendaciones del Gobierno portugués a la población pasan por tomar "baños más rápidos y con menos frecuencia" o hacer una utilización más disciplinada de los lavabos e inodoros. También se subrayan medidas como evitar que el agua siga corriendo mientras uno se lava los dientes, las manos o las piezas de la vajilla y, para quienes disponen de jardín, regar con agua ya usada y en horario nocturno.

A Martins tampoco le quedó más remedio que reconocer la impotencia institucional para luchar contra este claro síntoma del calentamiento global, que dibuja un panorama sombrío para la península ibérica de aquí a las próximas décadas.

"Admito que, en algunas situaciones concretas, pueden producirse cortes en periodos nocturnos porque eso tendría incluso ventajas", dijo en semejante contexto. Se refiere así a las redes municipales de localidades con importantes pérdidas y que, a través de esta fórmula, al menos no perderían agua durante la noche.

Estos bajos niveles se arrastran desde hace seis meses, con las primeras predicciones de lluvias de la temporada previstas para finales de esta semana, comenzando por la franja norte del país y extendiéndose a la capital portuguesa este viernes. De modo que la crisis dejó de ser coyuntural para prolongarse hacia la vertiente estructural, y ahí radica lo peor.

La sensatez de los vecinos

Las autoridades lusas miran a la Administración local para realizar un llamamiento con un trasfondo dramático: "Los ayuntamientos y las entidades gestoras de los servicios de agua deben reducir la presión del agua". Y se explica más en este sentido el secretario de Estado de Ambiente: "Cuando se reduce la presión, termina por haber menores pérdidas de agua por cada minuto que tenemos el grifo abierto. Por tanto, hacemos de forma inducida un ahorro debido a esa bajada de presión".

Con todo, Carlos Martins pone el foco en una cuestión más conceptual y apela a la sensatez de los vecinos: "Lo más importante es el autocontrol de las personas. Esto quiere decir que, para no sufrir el racionamiento, ellos mismos deben tener un comportamiento de mejor consumo". Objetivo: que los recursos progresivamente escasos lleguen a ser más eficientes.

Pero esta circunstancia ya no se cumple en el distrito de Viseu (a unos 225 kilómetros de Salamanca), donde cuatro áreas han tenido que ser abastecidas por 27 camiones cisterna, especialmente Mangualde, Nelas y Penalva do Castelo. Es la sequía extrema en su dimensión más beligerante, que afecta ya a casi el 10% del suelo portugués.

La presa de Fagilde se halla bajo mínimos y la entrada en escena de esta flota de vehículos va a mantenerse hasta que alcance de nuevo una escala más convencional.

Los productores agrícolas y ganaderos se encuentran desesperados y ya están en marcha varias líneas de crédito lanzadas para alimentar a los animales de los que depende la economía de cientos de personas al otro lado de la frontera.

Para colmo, en el radio de acción de Castelo Branco se añade el problema de que la utilización del agua resulta vital en una región arrasada este año por la oleada de incendios, que desembocó en un paisaje desolador.

En cuanto al Alentejo, la cuenca del río Sado se afana en promover el ahorro, aunque ni siquiera de esta forma se garantiza el suministro con una cierta normalidad. La presa de Monte da Rocha languidece y provoca la inquietud de los municipios circundantes.

Mientas tanto, el ministro de Ambiente, Joao Pedro Matos Fernandes, no desaprovechó la oportunidad de manifestar su intención de negociar con España, con vistas a una nueva Convención de los Ríos Internacionales. Entre otras medidas, pretende que los controles a los caudales ecológicos se realicen diariamente y no cada semana, como viene sucediendo hasta ahora.

GP.

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