El diseñador austríaco Klemens Schillinger creó un celular sustituto, con un peso y dimensiones similares a un smartphone, que permite experimentar los gestos habituales que se realizan en una pantalla táctil.

Según un estudio reciente (2016) de la consultoría Dscout -que evaluó el comportamiento de más de 100.000 participantes durante cinco días- tocamos nuestro celular un promedio de 2617 veces al día. Y los más adictos (el 10%) lo hacen hasta 5400 veces.

Cada vez son más las personas que admiten tener una adicción hacia el aparato. De hecho, existe una palabra para definir el miedo irracional a quedarse sin acceso al celular: nomofobia.

El diseñador austríaco Klemens Schillinger asegura que él mismo sintió esa sensación cuando comenzó a usar su primer smartphone, hace un par de años.

El joven, que completó sus estudios en el Royal College of Art de Londres, Reino Unido, dice la inspiración surgió tras ver un documental en el que Umberto Eco, quien estaba tratando de dejar de fumar, se colocaba un palillo de madera en la boca como sustituto.

Comenzó creando una lámpara que sólo se enciende cuando el usuario coloca su celular en un pequeño soporte que lo reconoce y activa la luz. Pero después, creó otro diseño que ha acaparado más atención: un teléfono sustituto.

Se trata de un dispositivo del tamaño y peso de un smartphone promedio que cuenta con cinco versiones distintas y que imita con unas pequeñas cuentas de piedra los diferentes movimientos que hacemos con nuestras manos cuando usamos aparatos inteligentes, como hacer zoom, deslizar el dedo sobre la pantalla o arrastrar objetos.

El resultado, señala, es una "sensación placentera" que proporciona "un pequeño masaje" en los dedos y permite alejar la sensación de ansiedad.

Schillinger admite que no habló con médicos ni psicólogos para realizar su aparato, aunque no descarta una futura colaboración. De momento, el dispositivo está disponible por encargo y cuesta en torno a 200 dólares. 

GA.

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