Llevaba el rostro descubierto y coronado de laurel, cuenta su biógrafo Edelberto Torres.

 

 

 

 


Una noche del 6 de febrero de 1916 muere Rubén Darío. Junto a su lecho de muerte estuvieron su esposa Rosario Murillo, sus médicos, los doctores Luis H. Debayle y Escolástico Lara, entre otros.

Semanas antes, un 10 de enero, el obispo de León, Simeón Pereira y Castellón, le administró solemnemente la extremaunción, días después, el 31 de este mismo mes el poeta dicta su testamento y declara como su heredero universal a su hijo Rubén Darío Sánchez.


Repicaron las campanas de las iglesias de León, y desde el Fortín de Acosasco se anunció con 21 cañonazos la muerte del Príncipe de la literatura hispanoamericana. 


Disputa por el cerebro
La autopsia es realizada por Luis H. Debayle y estudiantes de Medicina. Es embalsado. Andrés Murillo, hermano de Rosario, disputa el cerebro del poeta. Sus vísceras fueron enterradas en el Cementerio de Guadalupe de la ciudad de León.


El cadáver es depositado en un catafalco y expuesto para la veneración del pueblo durante cuatro días. El 12 de febrero es llevado el féretro a la Catedral donde se le rinden honores póstumos, es cobijado por los colores nacionales, suenan los clarines.


Miles de personas acompañan en procesión al féretro que se encuentra en la Universidad. Es un domingo 13, las dos de la tarde. Llevaba el rostro descubierto y coronado de laurel, cuenta su biógrafo Edelberto Torres.

Cuatro horas después es llevado a la Basílica Catedral. Se escuchan los acordes de Marcha Triunfal, compuesta por Luis A. Delgadillo.

Sus restos, guardados en un ataúd metálico y luego en otro de madera, son dejados en una cripta, a su lado está una gruesa columna que ostenta la estatua del apóstol San Pablo.

Se oye una salva de doce cañonazos. Como un símbolo, lo resguarda un león doliente.

Vigencia de su obra

Deja a la humanidad, obras en versos y prosa, de gran trascendencia literaria y humanística, se le nombra Padre del Modernismo.

En la actualidad se siguen publicando estudios darianos que valoran su vigencia literaria.

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