El gobierno no brinda cifras, pero organizaciones privadas dicen que hay cientos de casos en el país. La crisis social y económica acorrala a las familias.

Las tasas de pobreza y hambre aumentan a medida que la crisis económica de Venezuela deja las estanterías de las tiendas vacías de alimentos, medicamentos, pañales y fórmula para bebés. Algunos padres no lo pueden soportar más. Están haciendo lo impensable. Abandonar a sus hijos. “La gente no puede encontrar comida”, me dijo Salazar. “No pueden darle de comer a sus hijos. Los están abandonando, no porque no los quieran, sino porque los quieren”.


Fundana,es un imponente complejo de cemento ubicado en lo alto de una colina en el sudeste de Caracas. No hay estadísticas oficiales sobre la cantidad de niños que son abandonados o enviados a los orfanatos y hogares por sus padres debido a razones económicas. Aunque las entrevistas con los funcionarios de Fundana y otras nueve organizaciones privadas y públicas que se ocupan de los niños en crisis sugieren que el número de casos es de cientos, o más, en todo el país.

Fundana recibió unos 144 pedidos de ubicación de niños en sus instalaciones el año pasado, comparado con 24 en 2016, y una amplia mayoría de los pedidos relacionados con dificultades económicas.

“No sabía qué más hacer”, dijo Angélica Pérez, 32 años, madre de 3 hijos, casi llorando. Una tarde reciente, apareció en Fundana con su hijo de 3 años y sus dos hijas, de 5 y 14 años. Perdió su empleo de modista hace pocos meses. Cuando su hija menor contrajo una enfermedad grave de la piel en diciembre y el hospital público no tenía medicamentos, gastó sus últimos ahorros comprando un ungüento en la farmacia. Su plan: dejar a los niños en el centro, donde sabía que los alimentarían, y así podría viajar al vecino país de Colombia para encontrar trabajo. Esperaba volver a buscarlos.

Venezuela cayó en una recesión profunda en 2014, golpeada por una caída de los precios mundiales del petróleo y años de malos manejos económicos. La crisis empeoró el año pasado. Un estudio de Caritas en las áreas más pobres de cuatro estados encontró que el porcentaje de niños menores de 5 años que carecen de una adecuada nutrición había aumentado al 71% en diciembre, comparado con el 54% siete meses antes.

El ministerio de bienestar infantil de Venezuela no respondió a los pedidos de comentarios acerca del fenómeno de que los niños son abandonados o ubicados en orfanatos debido a la crisis. El gobierno provee cajas de alimentos gratis a las familias pobres, aunque ha habido demoras ya que los precios de los alimentos se han incrementado.

Durante años, Venezuela tuvo una red de instituciones públicas para niños vulnerables. Aunque los trabajadores de bienestar infantil dicen que las instituciones están colapsando, y que algunas están en riesgo de cerrar debido a la escasez de fondos. Por esto, cada vez más, los padres dejan a sus hijos en las calles.

En el arenoso distrito Sucre, en Caracas, por ejemplo, ocho niños fueron abandonados en hospitales y lugares públicos el año pasado, comparados con los cuatro de 2016. Además, los funcionarios allí dicen que registraron nueve casos de abandono voluntario por razones económicas en servicios de protección infantil en el distrito en 2017, comparados con ningún caso el año anterior. Un funcionario de bienestar infantil en El Libertador, una de las zonas más pobres de la capital, denominó a la situación en los orfanatos públicos y centros de cuidado temporario como “catastrófica”.

“Tenemos graves problemas aquí”, dijo el funcionario, quien habló en condición de anonimato, por temor a las represalias del gobierno. “Definitivamente, hay más niños abandonados. Pero no es sólo que hay más, sino que sus condiciones de salud y nutrición son mucho peores. No podemos cuidarlos”.

Leonardo Rodríguez, que maneja una red de 10 orfanatos, dijo que en 2017 los niños ubicados en sus centros eran casi siempre de hogares con casos de abusos. Ahora recibieron decenas de llamados de mujeres que buscaban dejar a sus hijos para que pudieran comer. La demanda es tan alta que algunas de sus instituciones ahora tienen listas de espera.

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