Desde Rusia dijeron que la acusación es un disparate y una burla

El exespía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia, refugiados en Gran Bretaña, "fueron envenenados con un agente neurotóxico de tipo militar desarrollado por Rusia", denunció ayer Theresa May ante el Parlamento. La primera ministra británica le puso un plazo de 24 horas al Kremlin para "develar en forma inmediata los detalles del programa Novichoc", nombre de ese producto letal, a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas.

Hablando ante la Cámara de los Comunes después de días de intensa tensión diplomática desde que se produjo el ataque contra Skripal y su hija, el 4 de marzo, en la ciudad de Salisbury, la primera ministra calificó de "altamente probable" la responsabilidad de Rusia.

Los medios británicos especulan que May podría ordenar represalias como la expulsión de diplomáticos o sanciones financieras contra empresarios radicados en Londres. Incluso se consideró la posibilidad de no enviar una delegación de funcionarios al Mundial de fútbol de Rusia.

Ayer, el presidente ruso, Vladimir Putin , descartó una pregunta sobre el escándalo durante un desplazamiento en el sur del país. Que las autoridades británicas "lleguen hasta el fondo de las cosas allí, luego discutiremos", respondió al corresponsal de la BBC.

La decisión de apuntar un dedo acusador hacia Moscú se basó en "la tradición de Rusia de cometer asesinatos patrocinados por el Estado" y en la convicción "de que Rusia ve a algunos disidentes como blancos que pueden ser legítimamente eliminados", dijo May.

El ataque contra Skripal y su hija es, en efecto, el último de una considerable lista de enemigos del Kremlin muertos en forma misteriosa en Gran Bretaña. El último de ellos fue el exespía ruso Alexander Litvinenko, envenenado en 2006 con polonio 210, una sustancia radiactiva letal.

El exagente encubierto Skripal había sido condenado en Rusia en 2006 por espiar para el Reino Unido. En 2010, en el marco de un intercambio de prisioneros entre Moscú y Washington, recibió el estatus de refugiado en Gran Bretaña.

el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia rechazó la acusación, considerándola una "provocación" y un "cuento de hadas". La vocera de la cancillería rusa, Maria Zakharova, calificó la presentación de la primera ministra como "un espectáculo de circo en el Parlamento británico".

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