Por Eduardo Telias

Un domingo distinto. Nada podía salir mal. El aliento de la gente y el fútbol del equipo, fueron la síntesis perfecta de un día soñado. Fiesta popular, el Santo es de Primera. 

 No importó si hacía frío. Nadie se inquietó por el aumento de la nafta. Las boletas de la luz y el gas, ya vencidas y sin pagar, quedaron perdidas en algún rincón de la casa. La ciudadana sin carga no fue motivo de preocupación. Los golpes al bolsillo pasaron a segundo plano. Era un día distinto.

Durante toda la semana la economía del hogar giró alrededor del culto futbolero. Entradas, camisetas, gorros, banderas, vinchas, era lo único que ameritaba algún gasto extra. Gran parte del sueldo se invirtió en la pasión. Y a nadie se le vaya a ocurrir cuestionar que se malgastó el dinero.

Y fue un día distinto por innumerables cuestiones. Desde que San Martín, perdió en Junín 1 a 0, muchos lo pensaban pero nadie lo decía: el ascenso estaba muy cerca. Esa fue la sensación durante toda la semana. Pero no había que expresarlo, solo quedaba en el interior de cada "Ciruja" que hizo lo imposible para conseguir su entrada y dejar la garganta por su equipo en el templo de la Ciudadela.

Los pronósticos señalaban que la temperatura máxima este domingo no pasaba de los 10°. Eso no fue impedimento para la peregrinación de hinchas que desde temprano comenzó con la previa y una vez que se habilitó el ingreso al estadio, en un abrir y cerrar de ojos, colmaron el cemento del "Fortín".

Familias enteras en busca de una ilusión. Todo rojo y blanco. Todo pasión. Un millar de simpatizantes de Sarmiento, contrastaban con la multitud "Ciruja". Se bancaron la espera. Sabían que algo grande estaba por suceder. Lo presentían. Lo deseaban.

La recepción a los jugadores, fue uno de esos instantes en donde los fanáticos marcan su presencia y demuestran su desinteresado amor por los colores. Saben que un buen recibimiento es capaz de generar cosas positivas y potenciar a sus jugadores y amedrentar al rival que a veces queda descolocado por tanta euforia.

Y como será de trascendental esa bienvenida, que en tres minutos de juego los de Forestello ya ganaban 2 a 0. Si, era el escenario ideal. Ni siquiera el más optimista se hubiera imaginado semejante panorama en el amanecer del duelo. Al minuto y medio, Acevedo pescó un rebote dentro del área y definió junto al palo derecho del arquero. Cuando algunos todavía festejaban ese tanto, entre Bieler, García y Rodriguez, fabricaron una contra fatal que "Turbo" definió de manera impecable.

Un torbellino. Pura presión. Eso era San Martín. Algunos hinchas se miraban y no entendían nada. El "Verde" solo asustó con un tiro en el palo. Promediando la primera parte el local otra vez tomó las riendas del encuentro y siempre daba la sensación que cuando atacaba podía dañar a su contrincante. Se fue el primer tiempo. Ya no había tanta ansiedad. Los nervios se fueron calmando. Era todo puro optimismo. El sueño del regreso estaba cerca.

No se sabe que palabras mágicas pronunció el entrenador Santo en el vestuario durante el entretiempo, pero el equipo al comenzar el complemento, lejos de relajarse estaba decidido a llevarse por delante a los de Junín. A los dos minutos otra buena elaboración por derecha terminó con un centro atrás para que Bieler definiera y aumentará la locura. 3 a 0. Ya todos pensaban en el ascenso. Los dirigidos por Delfino parecían no estar en el partido, estaban adormecidos por la gente y por el fútbol de San Martín.

Todo parecía estar definido. Solo era cuestión de que corran los minutos. A esa altura, daba la impresión que vendrían más tantos del Santo que el descuento de Sarmiento. Las tribunas deliraban de alegría. La Ciudadela, catalogado como el estadio más caliente del país, se movía al ritmo de San Martín. El aliento no paraba, como tampoco cesaba la intensidad en el juego que proponía el local.

Y llegó el cuarto, Acevedo, marcador central que fue una de las figuras de la final, conectó de cabeza en territorio enemigo y la mandó al fondo de la red. Era el 4 a 0. Ya nadie dudaba como sería el final de la historia. Estaba cantado.

Pero como era una tarde perfecta, una jugada preparada, terminó con un latigazo de Bieler para el quinto grito de gol. Si, el "Taca", el delantero que estuvo a punto de irse a principios de año, pero se quedó. Y no solo que se quedó, sino que fue fundamental por sus goles, por su experiencia, por su llegada al grupo, por su personalidad. Un líder dentro y fuera de la cancha para el plantel. Se fue ganando a la gente. Y terminó como el goleador del equipo y del campeonato.

Las bengalas desataron una polvareda en plena Ciudadela. En ese instante, Sarmiento aprovechó para el descuento y marcó el gol del honor. Pero ya no le alcanzaba. Nada ni nadie podían conspirar con el ascenso del "Ciruja". El 5 a 1 era un resultado fantástico, y sería inamovible. 

Y llego el pitazo final. Y la tarde perfecta se cumplió. San Martín pudo revertir la historia y terminó goleando, y jugará la próxima temporada en la Superliga. Y si, es pensar, por fin, en un superclásico con Atlético en Primera.

Es el cuarto ascenso del Santo a la máxima categoría del fútbol argentino. Pero fue distinto. Es la primera vez que le tocó definir en la Ciudadela. En los anteriores había dado la vuelta en Chaco, en Isidro Casanova y en La Paternal. Pero esta vez, el hincha que lleva el sufrimiento en el ADN, lo disfrutó de otra manera. Parecía más difícil, pero la historia le jugó un guiño a favor de San Martín. No hubo corazones lastimados, no hubo sobresaltos, fue todo éxtasis.

Lo que se vivió después, es la postal de un festejo popular que pocos pueden comprender. El barrio vivió un microclima. Las calles se transformaron en un planeta feliz. El choripanero aumentó sus ventas como nunca, a tal punto que salvo el mes. El que vende gorros y banderas ya no tenía donde guardar tantos billetes. Se agotaron las bolsitas de maní y praliné. Los drugstores no daban abasto con las bebidas. Hubo récord de venta de bollos y de tortilla a la parrilla. Si el INDEC hubiese medido la actividad económica en ese "Mundo Ciruja", todos los indicadores habrían marcado un país en crecimiento. En el medio de esa multitud poco importaba si tenemos que pedirle plata al FMI. Era la economía perfecta. Todos ganaban. Todo funcionaba. El hincha cuando en la madrugada llegue a casa se dará cuenta que no tiene un mango en el bolsillo, pero el corazón estará llenó de alegría. Su equipo está de nuevo en Primera. Inexplicable locura para aquellos que nunca vivieron esa adrenalina del ritual futbolero. Es la pasión. Es el pueblo. Es San Martín. Ciudadela, un mundo mágico.

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