Este año, se espera la llegada de más de 60.000 peregrinos.

Peregrinos de la región se movilizan hacia la Catedral salteña para iniciar el tradicional ritual. Se aguarda la llegada de decenas de miles de fieles. Finaliza el 15 de septiembre.

El 10 de septiembre de 1692 la tierra en el norte de lo que hoy es la República Argentina comenzó a temblar y arrasó con la ciudad de Esteco, cerca del río Piedras en Tucumán. 

Los días subsiguientes fueron iguales, con una seguidilla de temblores en la zona. Muchas personas acudieron a la Iglesia Matriz. El pueblo salteño rogó a la Virgen que intercediera ante Su Divino Hijo, para que tuviera misericordia de la ciudad y de sus habitantes. 

El 15 de septiembre, la tierra continuaba moviéndose y un sacerdote jesuita, el R. P. José Carrión, comenzó a pedir que “se sacase en procesión pública al Señor Crucificado que se tenía olvidado, para que cesaran los temblores”. Allí comenzó este ritual que año a año hace el pueblo de Salta, renovando el pacto de fe con los Santos Patronos de la Provincia, el Señor y virgen del Milagro.

El rezo

1) Acto de Contrición (Todos los días) 

Dulce Jesús mío y mi crucificado Señor, indigno de ponerme delante de tus ojos, me postro avergonzado a tus pies, confesando la multitud de mis culpas, con íntimo dolor de mi alma por haberte ofendido.

Herido vengo, médico divino, a buscar mi remedio en tu benigna misericordia, y te propongo con todo mi corazón la enmienda.

Dulce amor mío eres sobre todas las cosas, ten piedad de mí; acuérdate, Señor, que tu amor por mí, te puso en esa Cruz y no te acuerdes que yo, como ingrato y desconocido, me olvidé de tu paternal amor.

Si a Ti, que eres mi Padre, no vuelvo los ojos, ¿quién otro se compadecerá de mí?

¡Señor Jesús cómo te ofendí!

¡Quién de dolor muriera a tus pies, pues amándome tanto me atreví a ofender a un Dios tan bueno, tan santo y tan amable!

Pequé, Padre mío, contra el cielo y contra Ti, ten misericordia de mí. 
AMÉN.

2) Oración preparatoria para todos los días (Todos los días) 

María Purísima del Milagro, con tierno amor te inclinaste a pedir a tu Soberano Hijo, cuando enojado por nuestras culpas, quiso destruir la ciudad de Salta con aquellos espantosos terremotos.

Tú, cual otra hermosa Ester, puesta delante del Supremo Rey de los Cielos, mudando de colores, pediste por la libertad de este pueblo. Concédeme, Madre mía del Milagro, que de tal suerte cambie mi vida, que si hasta aquí he caminado por los caminos de mi perdición olvidado de mi Dios y Señor, de hoy en adelante sólo reine en mi corazón tu maternal amor.

Y que corresponda yo, amante y agradecido, a las obligaciones de hijo de tal Madre. No permitas, Madre mía, que se vea malograda en mí tu poderosa intercesión que todo lo puede conseguir, si no apartas tus purísimos ojos de este miserable pecador.

Concédeme lo que te pido en esta novena, si es para mayor honra y gloria tuya, y bien de mi alma. 
AMÉN.

Día 1

ORACIÓN
Tú eres, Dios, el Bien infinito, y más de una vez te he cambiado por un egoísta placer del momento. Más, aún cuando te haya despreciado, me ofreces todavía el perdón, si yo lo quiero y prometes recibirme en tu gracia, si me arrepiento de haberte ofendido.

Sí, Señor, me arrepiento de todo corazón de haberte negado tan mezquinamente; aborrezco mi pecado más que todo otro mal.

Y ahora, al volver a Ti, espero me recibirás y me abrazarás como amoroso Padre. Te agradezco, infinita Bondad, y necesito tu auxilio.

No me lo niegues, Dios mío, y no permitas que me separe jamás de Ti. No dejará de tentarme el infierno, pero Tú eres más fuerte que el infierno.

Sé que si siempre a Ti me encomiendo, jamás me separaré de Ti, y esta es la única gracia que te pido: haz que nunca cese de rogarte como ahora lo hago.

Asísteme Señor, dame la luz, la fuerza, la perseverancia, dame el paraíso. Sobre todo dame tu amor, que es el paraíso de las almas.

Te amo, bondad infinita, y quiero amarte siempre; escúchame, por amor a Jesucristo.

María, Tú que eres el refugio de los pecadores, socorre a uno que quiere amar sinceramente a nuestro Dios.

Dulcísimo Señor del Milagro, perdona mis pecados, y libra, por tu misericordia, al pueblo de Salta y a tus devotos de todo castigo.

Concédenos esta gracia, por intercesión de nuestra Protectora, tu dulcísima Madre, la Inmaculada Virgen del Milagro. 
AMÉN.

ATRIBUTOS DE MARÍA
CIELO

Purísima Virgen del Milagro, María, Madre admirable, milagro de la gracia; el primer atributo que simboliza tu original pureza, es el Cielo. Influye, Soberana Reina, desde ese hermoso Cielo, con la luz de tus auxilios; para que, desengañado mi corazón de la inconstancia de las cosas temporales, sólo busque las eternas y celestiales.

Hazme considerar que el Cielo es mi patria, para la que fui creado, y que si no aparto mi corazón de lo caduco y terreno, poniendo mi amor en Dios y mi Señor, nunca podré ver el cielo hermoso de tu rostro en la gloria. 
AMÉN.

Se pedirá lo que se desea conseguir.


3) Oración a la Virgen del Milagro (Todos los días)

Soberana Emperatriz de los cielos y la tierra, dulcísima Madre de pecadores, Madre del Milagro, en esta, tu elegida ciudad, en la cual muestras tu amor, mírame con semblante risueño.

Aunque pecador y desagradecido, soy hijo tuyo, y te venero y amo como a Madre amorosa y admirable.

Creo que si en mí empleas tus purísimos ojos, no me ha de desamparar mi Señor Jesucristo; porque a los que Tú tienes bajo tu patrocinio, Él les muestra especial amparo.

Te imploro, Madre mía del Milagro, que no desprecies mis ruegos.

Si cuando no te busqué como pecador, Tú solicitabas mi amistad porque deseabas mi salvación, ¿cómo ahora, que con tanta ansia te busco, me has de negar tu amparo, tu patrocinio y favor?.

Merezca yo tu poderoso brazo, ahora que arrodillado te pido me lleves de la mano a tu amado Hijo crucificado, para que, viendo mi dolor y arrepentimiento de mis culpas y pecados, que deseo sean mayores que los que han tenido los más penitentes Santos del mundo, me atraiga a Él y me dé a beber de aquella Sangre de su amoroso costado, que es todo el precio de nuestra redención, y viva sólo en Él, huyendo del mundo y de mi mismo. 
AMÉN.

Se reza un Credo a Cristo Crucificado.

4) Oración al Señor del Milagro (Todos los días) 

Amantísimo Jesús mío, hermosura eterna de la gloria, Tú eres mi Dios crucificado y todo mi bien. Justo Juez y piadoso Padre, no contento tu amor con haber bajado del cielo a la tierra a buscar al pecador; haber derramado tu sangre en el altar de la Cruz y haber instituido el Sacramento Eucarístico de tu Cuerpo y Sangre en la Santa Misa, quisiste venir en tu milagrosa imagen a esta ciudad de Salta, a buscar como Pastor Divino a la oveja perdida.

Cuando más olvidada andaba de tu singular amor, hiciste estremecer la tierra con espantosos terremotos, y revelaste a tu siervo que no cesarían hasta que te sacasen por las calles.

Te suplico, mi Dios crucificado, por tu mansedumbre sosiegues la inquietud de mi espíritu, para que pueda corresponder agradecido, buscándote sólo a Ti, descanso de mi alma y mi único bien.

Si por haberte ofendido temblase mi alma de llegarse a Ti, dale voces desde esa Cruz, diciéndole: "Mira, hijo mío, cuánto sufro por tu amor, y tú, ¿qué es lo que haces por Mí, sino solo ofenderme?

Ven a mis brazos, que Yo clamaré a mi Eterno Padre diciendo: “Padre, perdona a este hijo ingrato, que no ha sabido lo que ha hecho al haber despreciado a su Dios y Redentor"

Si todavía tu amor retira de mí los ojos de su piedad por mi ignorancia e ingratitud, mira a tu Madre, María Santísima del Milagro, mi Protectora, por cuyos méritos y piadosa intercesión, espero se calmarán tus enojos, y me darás la gracia para que pueda servirte en esta vida y alabarte en la eterna. 
AMÉN.

5) Doce Estrellas del Cielo de María (Todos los días) 

Dios te salve, Madre Reina de los Cielos, esperanza nuestra refugio y consuelo.
Virgen del Milagro, gloria de este pueblo, en quien siempre halla todo su remedio.
Si son nuestras culpas muchas en extremo tus misericordias son más con exceso.
Ya el castigo estaba sobre nuestros yerros, más lo detuvieron tus piadosos ruegos.
Al pie del sagrario allí intercediendo, al perdón pediste de nuestros excesos.
Mudando colores tu semblante bello a entender nos dio tu pena y consuelo.
Empeñabas estabas y echaste Tú el resto, para que el castigo no tuviese efecto.
 "Perdona –decías mi Dios a este pueblo, si no la corona de Reina aquí dejo.
"Yo por fiadora salgo es este empeño, y a mi cuenta corre no más ofenderlo".
Confundirte quiso el dragón soberbio, pero con tu planta le quebraste el cuello.
Haz, Madre y Señora, que todos logremos el fruto, después de este destierro.
En esta novena que humilde hacemos, nuestra petición por tu amor logremos.

Compartir

Comentarios