En esta casa se cocina para 150 personas. (Foto: El Tucumano)

En la localidad del sur de la provincia funciona una cocina colectiva que ofrece platos de comidas por $20.

Este viernes al mediodía, como ocurre desde hace diez días atrás, hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, aparecen de a uno, pero separados por pocos segundos, a la puerta de la casa de una mujer llamada Rosa. Cada quien sostiene un recipiente; una bandeja o un tacho de helados de plástico, y con un número en la mano esperan su turno. 

 

Entre ellas, Silvia acaba de llegar de la cosecha del arándano y, como las demás, espera las porciones de comida que pagó a 20 pesos cada una, para ella, su esposo y compañero de trabajo y para sus tres hijos. Adentro, en el patio de la casa y desde esta mañana, Rosa Vega y diez personas más, cocinan, con fuego de leñas y bajo la sombra de un níspero, para 150 personas de su pueblo. La semana pasada fue para 120.

 

450 milanesas se fríen, una tras otra, en el aceite de olla, acá en Santa Ana, un pueblo de unos 20 mil habitantes, ubicado a 100 kilómetros de la capital tucumana. Tiempo atrás, acá hubo una pista de aterrizaje y aún hay árboles añosos en el parque que diseñó Carlos Thays, y hoy entre sus logros se encuentra la cocina colectiva El Fogoncito, que funciona, con recetas industriales para pelearle a la crisis, en el patio de la casa de Rosa. 

 

"Había vecinos que no estaban llegando para darle de comer a su familia", dice Rosa. Entonces lo primero que construyeron fue un horno de barro, donde también cocinan el pan que venden por el pueblo. También hicieron una cocina que funciona a leñas y colocaron el techo para protegerse de la lluvia. Este proyecto fue impulsado por una agrupación social llamada Tucma, quien los ayuda con la organización y le otorga el éxito y la responsabilidad a los jóvenes del pueblo. 

“Quisiéramos estar organizándonos para otras cosas, en cómo mejorar el hábitat o las condiciones laborales, pero la situación actual nos obliga a organizarnos para algo tan básico como garantizar el derecho a comer”, dice Hernán Romano de Tucson. "La idea es replicar esta experiencia donde sea necesario". 

 

Cuando quedaban pocas milanesas sin cocinar, Rosa tomó su teléfono celular y escribió en el grupo de WhatsApp: “Buen día vecinos. Se les comunica que a partir de las 12 se les empezará a repartir la comida”. 

 

Y entonces, cuando llega el mediodía, los vecinos del barrio San Nicolás empiezan a llegar, de lunes a viernes, en busca de la comida que cocinó el pueblo.

 

Fuente: El Tucumano (Pedro Noli)

http://www.eltucumano.com/noticia/actualidad/251539/plato-comida-20-asi-funciona-cocina-colectiva-santa-ana

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