Los sismos son cada vez más frecuentes; en los últimos 50 años hubo nueve que han costado la vida a casi 5000 personas; apuntan a construcciones más seguras

Los terremotos fuertes se están convirtiendo en Italia en acontecimientos demasiado frecuentes. En los últimos 50 años hubo nueve que han costado la vida a casi 5.000 personas, entre ellas cerca de 250 esta semana.

La última tragedia, en una remota área montañosa a unos 150 kilómetros al noreste de Roma, reabrió el debate sobre cómo el país puede mejorar su resistencia a los temblores de la tierra. Tras los anteriores sismos se había señalado la falta de una regulación para reforzar la seguridad de los edificios.

"Otras naciones sísmicas emprendieron hace años programas de prevención a gran escala que han reducido considerablemente los riesgos", aseguró Enzo Boschi, un destacado sismólogo, en un editorial en primera página en el diario "Il Messaggero".

Convertir edificios

El catedrático Gianpaolo Rosati, responsable del departamento de ingeniería civil en la Universidad Politécnica de Milán, dijo que modernizar los edificios viejos para convertirlos en antisísmicos, aun cuando se trate de estructuras medievales, es algo técnicamente posible, pero muy costoso.

"Tenemos la tecnología adecuada, la capacidad adecuada y la regulación correcta, pero el problema es que hacer seguro un edificio antiguo puede costar casi tanto como reconstruirlo de cero y los propietarios privados a menudo no pueden pagar los costes", explicó a dpa Rosati.

Según el diario "La Stampa", el coste ronda unos 300 euros (340 dólares) por metro cuadrado. El profesor dijo que se trata de una estimación realista y la comparó con los cerca de 500 euros por metro cuadrado que cuesta un edificio nuevo.

Rosati cree que se tendría que adoptar una actitud más pragmática a la hora de preservar edificios.

"Es importante distinguir entre los edificios antiguos con un valor histórico real que vale la pena pasar a futuras generaciones de los edificios que únicamente son viejos y habría que derribarlos. Necesitamos tener el valor para tirarlos", dijo.

Según un censo de la agencia de estadística italiana Istat, más de un tercio de las casas privadas en Amatrice, Accumoli y Arquata del Tronto, los tres pueblos arrasados el miércoles, tenían al menos 100 años.

Tirar abajo viviendas

Los datos fueron recopilados por el diario "La Stampa", que rescata además una vieja y radical propuesta del profesor de arquitectura de Nápoles Aldo Loris Rossi, que pidió tirar cerca de 40 millones de viviendas construidas a bajo coste entre 1945 y 1975, cuando se registró un boom inmobiliario.

Desde 2009, el año del terremoto que mató a 309 personas en L'Aquila, los nuevos edificios en Italia están obligados por norma a ser antisísmicos y las construcciones existentes se tienen que someter a pruebas de resistencia. Rosati dijo que hasta la fecha tan sólo se han realizado esas pruebas en infraestructuras clave como escuelas y hospitales.

Pero queda mucho por hacer, tal como ha puesto en evidencia que la escuela de primaria y pequeño hospital en Amatrice quedaran reducidos a un montón de escombros. Sin embargo, la vecina Norcia, reconstruida tras los terremotos de 1979 y 1997, ofrece un ejemplo positivo: sus edificios resistieron este último terremoto y nadie resultó herido.

El profesor Franco Braga, responsable de la Asociación Nacional de Ingeniería Sísmica, consideró que los edificios deberían ser clasificados por ley de acuerdo a su resistencia sísmica, igual que hay certificados sobre la eficiencia energética.

El Gobierno debería respaldar la medida a través de los impuestos, sugirió Braga, quien señaló que no haber abordado el asunto "ha costado al país entre 100.000 y 200.000 millones de euros en reconstrucción desde el terremoto de Friuli (1976)".

El Consejo Nacional de Geólogos hizo propuestas similares y además subrayó la necesidad de implantar programas de educación en las escuelas para "hacer a las personas más conscientes de los riesgos en las zonas donde residen", señaló en un comunicado el presidente del consejo, Francesco Peduto.

"No deberíamos olvidar que, según algunos estudios, entre el 20 y el 50 por ciento de las muertes en estos casos están causadas por actitudes erróneas de los ciudadanos durante el movimiento telúrico", agregó.

Giulio Rocchi, un joven de 18 años de Amatrice, dijo que la gente del lugar sabe que vive en una zona de riesgo, pero jamás recibió ningún tipo de formación al respecto de las autoridades. "Nunca hablamos de ello en la escuela", declaró a dpa.

Fuente: La Nación.

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