El elevado y mal consumo de antibióticos ha generado en todo el mundo bacterias mucho más resistentes.

La principal arma con la que contaba el hombre para hacer frente a todo tipo de infecciones, ya tiene quien la resista.

La comunidad científica mundial se lanzó hace más de 30 años en una carrera contra reloj montando distintos proyectos sobre vigilancia de la resistencia antimicrobiana, ya que este flagelo no respeta ni límites ni fronteras. En Latinoamérica, la Argentina es el único país que cuenta con antecedentes de este tipo de estudios además de un plan de acción a través de la regulación y fiscalización de la comercialización de antimicrobianos.

Poder conocer la resistencia antimicrobiana en la región requiere de relevamiento constantes a los efectos de elaborar y alimentar registros. Los hospitales regionales cuentan con la información de los niveles de resistencia antimicrobiana en pacientes que asisten a esos centros a través de la Red Whonet, una red global establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO) que tiene, entre otros objtivos, colaborar en el desarrollo de estrategias locales, regionales y nacionales para el uso racional de agentes antimicrobianos y el control de la resistencia.

Esta red proporciona información sobre cuánto hay de resistencia, contra qué antibióticos y en qué bacterias se presenta. “Sin embargo-explica el doctor Merino- el conocimiento sobre los mecanismos que hacen a las bacterias resistentes a los antibióticos, cómo la adquieren, de qué forma transfieren a otras bacterias, son estudios que requieren un esfuerzo especial con otros recursos humanos y económicos, que no pueden ser afrontados por los servicios públicos de salud. Es en ese contexto que la investigación desde la Universidad recobra importancia”.

Fuente momarandu.com

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