El presidente argentino considera la posibilidad de acomodar su agenda geopolítica ante el nuevo plan de ruta diseñado por su par estadounidense, que difiere bastante del que pudo elaborar Hillary Clinton. La seguridad intercontinental, una de las claves.

Las designaciones de Trump implican un cuestionamiento directo a las iniciativas que se aprobaron para desmantelar la carrera nuclear en Medio Oriente, aplacar los conflictos religiosos, atenuar la crisis de los refugiados y enfrentar los efectos del cambio climático. El futuro presidente de los Estados Unidos prepara una Guerra Santa contra la globalización y sus consecuencias tendrán impacto sobre la Argentina.

Mauricio Macri comprendió la magnitud imperial de la hoja de ruta de Trump, pero aún no ha movido. Espera que termine de definir su gabinete y aguarda su discurso inaugural para definir sus primeros pasos. Sin embargo, hasta ahora, considera posible acomodar su apuesta geopolítica con Barack Obama/Hillary Clinton a la perspectiva que Trump tiene sobre el mundo y sus circunstancias.

El presidente cree que puede colaborar en seguridad intercontinental y lucha contra el terrorismo, dos asuntos claves en la agenda de Trump. Y que a cambio, Washington mantendrá sus promesas de libre comercio y flujo de inversiones y capitales desde Estados Unidos hacia la Argentina.

Las primeras designaciones de Trump en su gabinete respondieron a un cambio de rumbo en la agenda de EEUU (AP)

Cerca de Macri se sostiene que Trump confía en su criterio político y que puede servir para atenuar las eventuales críticas que aparezcan ante un cambio de agenda en la región. Es decir, en la Casa Rosada se piensa en la posibilidad de afianzar la relación con Trump mediando con los países de América Latina que no compartan las decisiones asumidas por el magnate americano.

En definitiva, es el mecanismo que eligió Macri para fortalecer su agenda con Obama: apoyar sus ideas en los foros regionales y avanzar contra los gobiernos que aún creían en el populismo. En este contexto, Macri apuntaló la campaña a favor de los refugiados y fue firme contra las decisiones totalitarias de Nicolás Maduro.

Pero esta táctica tiene dos problemas básicos: Trump no es Obama, y su programa es la antítesis de la agenda demócrata. En las últimas horas, los principales líderes europeos –desde Ángela Merkel a Françoise Hollande-, han alertado sobre las intenciones del presidente electo y exhibieron una unidad de acción que hace mucho no se observaba en la Unión Europea.

Entonces, si Macri pretende liderar al Cono Sur, debería convocar a sus colegas de la región para una cumbre que exhiba una posición común frente a una eventual amenaza social y económica lanzada desde el Salón Oval. No se trata de iniciar una batalla revolucionaria, ni de regresar a las viejas arengas de Fidel y Guevara. El Presidente puede utilizar la experiencia de Europa, que al margen de las diferencias políticas, explicitaron su rechazo a las propuestas que Trump presentó durante su campaña electoral.

Apaciguar, no es liderar. La historia ya demostró la diferencia entre ambos conceptos. Y tampoco se puede profundizar una relación bilateral –en este caso entre Buenos Aires y Washington—revisando ciertas ideas que fueron presentadas en distintos foros internacionales. Macri propuso una agenda moderna y democrática en Naciones Unidas y en sus encuentros con Obama, Merkel y Francisco. Cambiar la perspectiva geopolítica, sería retroceder de nuevo.

Fuente: infobae.com

E.C

 

 

 
   

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