El premier italiano confirmó que hoy presentará su renuncia tras el rechazo del pueblo a su intención de modificar la carta magna


El día después de lo que algunos ya llaman en Italia el "Rexit", la estrepitosa paliza sufrida en el referéndum constitucional por el premier italiano, Matteo Renzi -que anoche anunció que deja el poder-, reinaba la incertidumbre.

Renzi, que duró 1017 en el poder, esta tarde "subirá" al Quirinal -como se dice en la jerga de las crisis de gobierno-, para presentarle su renuncia al presidente, Sergio Mattarella. Es Mattarella, de hecho, quien será el árbitro supremo de este nuevo período de inestabilidad que sacude a Italia y que se presenta como un verdadero rompecabezas político. Renzi le indicará al jefe de Estado sus preferencias y las del PD para un posible próximo primer ministro. Al respecto, según medios italianos quien se encuentra en pole position para encabezar un gobierno técnico-político es el ministro de Economía, Pier Carlo Padoan. Padoan, de hecho, es considerado en Europa, que ve la derrota de Renzi como una nueva victoria del populismo, garantía de continuidad. Bajo su ejecutivo una prioridad sería aprobar la ley de presupuesto.

Otro nombre en danza es el de Piero Grasso, presidente del Senado y ex magistrado antimafia siciliano, que sería una carta "institucional". Grasso, según entendidos, tiene la ventaja de llevarse bien con la oposición y no ser "renziano".

Luego de consultas con todas las fuerzas políticas, Mattarella deberá decidir si existen las condiciones para que surja un nuevo gobierno, o si debe convocar a elecciones anticipadas, como pide a gritos la oposición, empezando por el gran vencedor de la consulta, el cómico genovés Bepper Grillo, líder del Movimiento antisistema Cinco Estrellas.

Lo cierto es que todo el mundo sabe -y la oposición también- que es imposible ir a elecciones anticipadas sin cambiar el denominado "Italicum", la ley electoral vigente, que se encuentra "renga" y es objeto de profundas divisiones.

En este marco de incerteza total, la buena noticia es que no hubo pánico en los mercados. Pese a que desde hace meses los diarios británico habían pronosticado escenarios apocalípticos y el estallido de una bomba financiera el lunes 5 de diciembre, no hubo nada de eso. El efecto de la victoria del No -que venció al sí con casi el 60% de los votos y 20 puntos de diferencia-, fue contenido. Si bien la Bolsa de Milán abrió en baja y sigue en territorio negativo, las otras plazas del Viejo Continente no sufrieron repercusiones por el resultado y estaban en índices positivos. Sí subió el tan temido "spread" -la diferencia de rendimiento entre los bonos a diez años italianos y los alemanes- que después de dispararse a 180 puntos bajó a 169. El euro, en tanto, bajó a sus valores mínimos desde hace un año con respecto al dólar, para luego volver levemente a subir.

Si bien el tema del "Rexit" y el impresionante revés sufrido por Renzi era el tema de charla en los cafés, la vida de los italianos seguía adelante, como si nada. De hecho, están acostumbrados a la ingobernabilidad crónica de Italia, que tuvo 63 gobiernos en 70 años de democracia y que se apresta a tener el número 64, si el presidente Mattarella consigue resolver el intrincado problema.

La inestabilidad era justamente lo que quería combatir Renzi con su reforma constitucional, que apuntaba a eliminar el bicameralismo perfecto y darle más poder al gobierno de turno. Pero los italianos le dieron la espalda.

"Renzi se lo buscó sólo... Personalizó el referéndum y la gente lo castigó", "Renzi se lo buscó sólo... Personalizó el referéndum y la gente lo castigó", dijo a LA NACION Roberto Insinna, almacenero del centro histórico. "Esperemos ahora que el próximo gobierno relance la economía y baje los impuestos, porque no podemos seguir así". 

G.I

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