Una corte de apelaciones desestimó un reclamo del gobierno, que había pedido que no se bloquee el veto a ciudadanos de siete países islámicos; por ahora pueden entrar.

Con una nueva derrota judicial, esta vez a manos de un tribunal de apelaciones, Donald Trump aprende, por vía rápida, las restricciones del cargo de presidente. Pero la experiencia no parece gustarle mucho.

En sólo 36 horas, el presidente que llegó para llevarse todo por delante y "sacudir" Washington, tuvo dos sonoras derrotas judiciales. Ambas apuntaron a lo mismo: paralizaron, por el momento, una de las piedras basales de su presidencia. El decreto por el que, por un lado, congeló el programa de refugiados y, por el otro, suspendió la entrada de ciudadanos de siete países musulmanes: Irán, Irak, Libia, Siria, Sudán, Somalia y Yemen.

La primera derrota fue en la última hora del viernes en la costa oeste, cuando el juez federal de Washington James Robart paralizó el decreto, en una medida con alcance nacional. Por orden de la Casa Blanca, el gobierno apeló una medida que para Trump era "ridícula", "absurda" y resuelta por "un supuesto juez", tal como descalificó al juez Robart.

La apelación urgente de la Secretaría de Justicia dio paso a la segunda y más sonora derrota del presidente. Ocurrió cuando una corte de apelaciones de San Francisco no vio mérito en el escrito oficial y avaló, por ahora, el bloqueo impuesto por el magistrado a quien Trump descalifica.

"El supuesto juez lo está poniendo en un buen aprieto", era el comentario ayer, en los habituales programas políticos de domingo.

Para Trump, es un dolor de cabeza al que no está acostumbrado. Hay quienes intuyen una "dificultad para adaptarse al cargo" en la personalidad del presidente a partir de las diatribas y descalificaciones que dirige a quienes se ponen en su camino.

Sean jueces, como el juez Robart, o la ex fiscal general temporaria Sally Yates, a quien desalojó del cargo de malos modos luego de que la funcionaria, una mente legalista y para nada política, también objetó el cuestionado decreto.

¿Cómo sigue esto ahora? La Corte de Apelaciones del Noveno Circuito de San Francisco rechazó el pedido del gobierno de que el decreto se restableciera en su plenitud.

"La gente mala está muy feliz", sostuvo Trump a través de la red social Twitter. En otro mensaje, el presidente demostró no entender cómo funciona el contrapeso de poderes. "En qué se está convirtiendo nuestro país si un juez puede frenar una orden del Departamento de Seguridad Interior y permitir que cualquiera, incluso con malas intenciones, ingrese en el país", se preguntó.

Fue el vicepresidente Mike Pence quien ayer salió a defender el cuestionado decreto. Dijo que seguirán peleando en los tribunales porque la orden de Trump "es absolutamente legal". Para el vicepresidente, el controvertido decreto respeta íntegramente la línea constitucional y se apoya en "la ley federal que permite decidir al presidente de los Estados Unidos quién entra y quién no en el país".

Expertos en temas jurídicos opinan lo contrario y no desestiman que, de seguir en esta línea, la puja termine en la Corte Suprema.

La disputa ocupó buena parte del debate público de ayer. "El texto no estaba fundamentado, es confuso y encima se apoya en mentiras", disparó la ex secretaria de Estado Madeleine Albright. En similar sentido se pronunció Stephen Hadley, consejero en seguridad nacional durante la presidencia del republicano George W. Bush. "Me da la impresión de que lo que se buscaba era enviar un mensaje a la población y, sobre todo, a los votantes de Trump", dijo.

Por ahora, el tribunal de apelaciones de San Francisco pidió a ambas partes que presenten nuevos argumentos y dio plazo de una semana. La batalla judicial se extiende y en la medida en que siga sumando reveses y postergaciones opera en desgaste del presidente.

Los más críticos consideran que el decreto encierra un ataque hacia los musulmanes tanto dentro como fuera del país, por lo que contraviene, desde esa perspectiva, la primera enmienda de la Constitución, donde se protege la libertad religiosa. Aunque el texto del decreto no menciona el término musulmán, analistas sostienen que los dichos de Trump en la campaña y su promesa de que prohibiría la entrada de practicantes de esa religión abonarían el planteo de violación de la primera enmienda.

"El presidente fue muy claro en ese sentido durante la campaña y este decreto lo abona", sostuvo Yvonne Tew, especialista en derecho constitucional de la Universidad de Georgetown.

Mientras, miles de pasajeros de los países afectados aprovechan la ventana de oportunidad y apuran su viaje hacia este país.

El giro es toda una contradicción: si la Casa Blanca pretendía detener la llegada de ciudadanos de esos países, su fallido decreto, por ahora, no hizo otra cosa que acelerarla.

Fuente: lanacion.com.ar

E.C

Compartir

Comentarios