Trump prometía llevarse el mundo por delante. Pero en dos meses los frenos institucionales se activaron.

En noviembre del año pasado, cuando Donald Trump triunfó en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, se pensaba que seguramente iba a ser el propio sistema político de ese país el que se iba a encargar de poner en caja la mayoría de las excentricidades con las que ese polémico empresario prometía cambiar la nación, como quien da vuelta una media.

En sus dos meses de gestión, Trump, que prometía llevarse el mundo por delante, ha tenido que vérselas con diversos frenos institucionales, desde los jueces que han cuestionado sus decretos contra la entrada de personas de los países musulmanes hasta con los legisladores de su propio Partido Republicano, quienes rechazaron el proyecto de ley para pulverizar el seguro de salud que instauró su antecesor Barack Obama.

Ahora es el mundo de las finanzas, con Wall Street a la cabeza, el que está desinflando las expectativas que le había abierto a Donald Trump al ratificar las reales dificultades que tiene el presidente para lograr la aprobación de su paquete de reformas, una de sus principales promesas de campaña.

A dos meses, Trump flota en un mar de contradicciones y la euforia de principios de mandato empieza a ser recuerdo.

Es que tanto para el sistema político que rige en esa nación como para los mercados que sostienen su economía, no hay nada más incómodo que la volatilidad extrema y, sobre todo, los cambios de tendencia abruptos.

Acostumbrado a manejarse como un magnate maligno, que daba órdenes y echaba de su vista a los perdedores, como ocurría en su famoso reality televisivo, el presidente norteamericano está bebiendo de su propia medicina.

Es el sistema el que le está bajando los humos al inquilino de la Casa Blanca y le está diciendo: "Mire, ser presidente no se trata de hacer lo que a usted se le ocurra. Usted tiene poder de decisión, pero tiene que pasar por los filtros que fija la democracia y el republicanismo".
Pero no sólo son las grandes cosas las que tienen complicado a Trump, sino que, por ejemplo, muchos votantes temen que les haya mentido sobre el estado de su relación con su esposa, Melania Trump, o que esté cayendo en nepotismo con la incorporación de hijos y yernos en puestos claves, algo que la cultura política de ese país rechaza.

Fuente: Diario Uno.

GP.

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