Los preparativos incluyen un impactante operativo con cuatro esquemas de seguridad en torno al presidente. Se contarán al menos cien agentes especializados.

Los preparativos para la llegada de Barack Obama a la Argentina incluyen una serie de pedidos de informes y un impactante operativo de seguridad basado en la teoría de los “cuatro anillos”.

Entre las precauciones que tomaron las autoridades de Estados Unidos le requirieron al Ministerio de Seguridad y a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) que provean una serie de informes vinculados al estado de la “conflictividad social” en Argentina, con especial hincapié en cuáles son las organizaciones que pudieran organizar marchas y protestas en contra de Obama. También, se solicitó información sobre actividades terroristas y amenazas que hayan ocurrido en los últimos años vinculadas al narcotráfico. Los informes son confidenciales y forman parte del intercambio diplomático para anticipar cualquier “escrache” o maniobra.

El Gobierno cree que no habrá grandes manifestaciones en el momento en que Obama esté en Casa Rosada y, anticipan, habrá operativos de prevención de Policía Federal y Gendarmería. A ellos se les suman los 145 agentes de Casa Militar, el cuerpo de seguridad exclusivo del presidente Mauricio Macri. La custodia de Obama estará plantada en los denominados “cuatro anillos”.

Esto es, cuatro esquemas de seguridad alrededor del presidente. Si bien no trascendió cuántos agentes estarán con él y con Michelle Obama, se habla de al menos cien agentes especializados. Recién en el cuarto anillo se incorporarán las fuerzas de seguridad nacionales para acompañar el trabajo del Servicio Secreto. Los tres primeros anillos, por orden de cercanía, se encuentran interconectados entre sí y en constante flujo de información.

En el macrismo aseguran que ya hubo movimientos de agentes del servicio de inteligencia en el país y que, incluso, comenzaron a revisar algunas instalaciones donde estará Obama, aunque sea por unos escasos minutos. El oscuro pasado vinculado a los atentados a la embajada de Israel y la AMIA, así como la muerte del fiscal Alberto Nisman, no pasaron inadvertidos para el Gobierno de EE.UU.

 

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