La plataforma más popular y usada en el mundo está sufriendo una crisis que afecta la confianza de los usuarios.

La crisis que hace tambalear a Facebook por el uso indebido de datos de más de 50 millones de usuarios que llegaron a manos de Cambridge Analytics, una consultora que ofrecía servicios para la campaña de Donald Trump parece no tener fin.

Como el uróboros, la serpiente que se come la cola, Facebook es víctima de las mismas reglas de juego que decidió imponer.

Después de ver lo positivo de poder estar en contacto con gente en diferentes partes del mundo y con intereses parecidos, los usuarios empezaron a dudar. A preguntarse si este tiempo que le estaban destinando, estaba bien aprovechado y generaba un beneficio mayor al costo. La respuesta no siempre fue positiva.

Facebook nos acostumbró durante años a que confiáramos en que el algoritmo que construyó iba a ser lo suficientemente inteligente para saber elegir qué contenido mostrarnos. Error. Grave error. La viralización de contenidos falsos le ganó por goleada al algoritmo.

Una investigación presentada en 2017 sugiere que la educación y la tecnología de filtrado no son suficientes para frenar las noticias falsas: la propia naturaleza de las redes sociales es la que nos hacen vulnerables a este tipo de contenidos.

Fuente: TN Tecno.

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