Se trata de cuentas manejadas por personas que postean mensajes provocadores para generar tendencias en los debates.

Desde hace algunos años que el lugar más codiciado para cualquier candidato son las redes sociales: los muros de Facebook, las búsquedas en Google y las menciones en Twitter.

Inundar las redes sociales con la sonrisa de un candidato es sinónimo de éxito, coinciden públicamente todos los gurúes. Pero muchos callan que esa estrategia puede incluir algunos vicios, como ocurrió con el uso de datos de Facebook en la campaña de Donald Trump.

La Argentina no es ajena a esas prácticas al margen de la ley: se detectaron durante la última campaña 1367 trolls contratados por los partidos (pero no declarados), según una auditoría que ya está en manos de la Justicia. El informe, que ya está bajo investigación, sostiene que las alianzas políticas incurrieron en "actividades coordinadas" para apoyar esta práctica.

¿Qué es un troll? Una cuenta manejada mayormente por una persona que postea mensajes provocadores o agresivos para generar tendencias en los debates. Los entonces candidatos a senadores Cristina Kirchner y Esteban Bullirch, entre otros, sufrieron el acoso durante la campaña.

El informe enumera algunos ejemplos. "El usuario @mabaires es un troll que postea a diario imágenes de flores que copia de diferentes sitios web con el objetivo de evitar posibles denuncias ante Twitter por actividades de hostigamiento. Así buscó camuflar tuits proselitistas a favor del candidato kirchnerista Jorge Taiana o publicaciones en contra de la candidata Gladys González", explicaron en la auditoría.

Del otro lado de la grieta, también detectaron que "el usuario @pajara_12 es un reconocido troll que publica a favor de Cambiemos y con ataques directos a los candidatos del kirchnerismo". 

Sin embargo tanto desde Unidad Ciudadana como desde Cambiemos negaron haber contratado esos servicios.

De todos modos varios coincidieron en que el "trolleo" es parte de los servicios que ofrecen distintas consultoras que tercerizan la propaganda política en los medios digitales y redes sociales, una actividad prácticamente sin regulación.

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