Con el “Gordo” tras las rejas, los vecinos ya se animan a hablar.

El hallazgo del cuerpo, la saña con la que la asesinaron y la detención de "El Gordo", integrante de una banda dedicada a la venta de droga, condujeron a sospechar que la joven fue víctima de una red.

Investigación realizada por Francisco Fernández y Gustavo Rodríguez para La Gaceta.

Por el crimen de Priscila Paz se pueden hacer varias especulaciones, pero en todas las líneas de investigación que están abiertas, las garras de la droga están presentes. El flagelo de las adicciones y el poder de un transa forman parte de esta combinación mortal que es cada vez más común en los barrios de la provincia.

La joven tenía 27 años. El domingo 22 de julio salió de trabajar rumbo a su casa para reencontrarse con su hijo de tres años y su padre que, como lo hacía siempre, la esperaba en la parada del colectivo para que no la asaltaran. Pero esta vez no llegó. Luego de interminables nueve días de búsqueda, los familiares, la Policía y la Justicia se encontraron con el peor final: la hallaron sin vida, a la par de un cañaveral por donde ya la habían buscado.

Si bien es cierto que sospechaban que este podría ser el desenlace, jamás se imaginaron con lo que se encontrarían. El rostro de Priscila estaba desfigurado por la cantidad de golpes que recibió. Fue un castigo físico terrible. Los forenses hallaron evidencias de que tenía un importante traumatismo en la cabeza. Estimaron que el agresor utilizó un hierro y que sería el que le causó la muerte.

La fiscala María del Carmen Reuter, en una reunión con los investigadores de las divisiones Homicidios y Trata de Personas y los integrantes del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales, expuso que le llamaba la atención el ensañamiento en contra de la joven. Algo más hubo para que la mataran así. No se trataba de un simple robo. Algo mucho más pesado había atrás. Una situación que confirmarían con el correr de los días.

Entonces, los pesquisas se quedaron con dos opciones. O bien Priscila fue atacada para robarle el celular y llevada al barrio Ampliación Elena White porque había reconocido a uno de sus atacantes, o un conocido ofreció llevarla a su casa, pero terminaron en otro lado. Durante la investigación se sospechaba que estaba oculta en alguna vivienda de ese caserío. Por lo menos hasta el jueves 25 la mantuvieron atada (se comprobó por las lesiones que tenía en sus muñecas) con vida.

Un testigo, después de una larga declaración, aportó los datos para comenzar a armar la parte más difícil del rompecabezas que generaban los cinco acusados del crimen. Cuatro hombres y una mujer, individualizados como los posibles autores, se acusaban entre ellos. Explicó que de ese grupo, tres jóvenes y la mujer eran “merqueros” (consumidores de droga). Que ellos habían llevado a Priscila a un “fumadero” y que les habría agarrado la desesperación por no saber qué hacer con ella. Y su nerviosismo creció cuando el rostro de la joven comenzó a aparecer en los medios de comunicación.

Los investigadores, al principio, dudaron de sus dichos, pero cuando él les contó era el chofer particular del padre de uno de los imputados, lo tomaron en serio. Les resultó extraño que en un barrio donde reina la pobreza haya un habitante que se dé el lujo de contratar a un conductor.

Allí apareció la figura del “Gordo”, el supuesto transa que se encarga de manejar el negocio del narcomenudeo en el barrio. Dicen que se molestó cuando se enteró de lo que había sucedido. Y se terminó enfureciendo cuando observó que la Policía estaba dando vueltas en el sector donde él había extendido su negocio ilegal.

El jefe de la organización mandó a la calle a sus “soldaditos” para que amenazaran a los vecinos que acaso supieran lo que estaba ocurriendo en el barrio. También se habría preocupado por silenciar a los que sabían que algo raro estaba ocurriendo en uno de los “fumaderos”.

Al darse cuenta que ni aun así podía alejar a los policías, habría decidido eliminar con sus propias manos a la joven. Luego de hacerlo habría pedido que llevaran el cuerpo de Priscila en su camioneta Chevrolet S10 a un lugar que generara más confusión. Por eso habrían elegido un cañaveral cercano a la casa de la víctima. Quería eliminar, como fuera, toda pista que condujera al barrio Elena White, donde el estaría manejando una red de narcomenudeo.

Pero no se imaginó que un hombre de su entorno contaría con lujo de detalles todo lo que había ocurrido.

“No hay nada que me sorprenda con respecto a los autores del crimen. Ya nadie puede desconocer lo que son capaces de hacer los transas en los barrios. Son sus dueños y también se creen dueños de la vida de sus habitantes”, explicó Javier Lobo Aragón, representante legal de la familia Paz.

En la camioneta del “Gordo” se hallaron restos de sangre que será analizada para determinar si es humana y, en ese caso, la compararán para determinar si era de Priscila.

Paralelamente, personal de las divisiones Homicidios y Trata de Personas, al mando de los comisarios Jorge Dib, Diego Bernachi y Julio Fernández, realizó allanamientos en diferentes domicilios del barrio Elena White para tratar de ubicar el “fumadero” en el que podría haber estado cautiva la víctima.

Con el “Gordo” tras las rejas, los vecinos ya se animan a hablar y, por ese motivo, se cree que en las próximas horas se encontrará ese lugar. Mientras tanto, ya se preparan copias para remitirlas a la Justicia Federal, que deberá iniciar una investigación por el supuesto caso de narcomenudeo.

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