Imagen ilustrativa. Los catequistas tienen un mandato misionero.

La joven enseña catecismo desde los 16 años y ahora es docente de Religión. Con tan solo 26 años asegura que mencionarlo a Dios como tal conlleva ciertos prejuicios.



La Iglesia Católica celebra cada 21 de agosto, el día del catequista, en conmemoración del Papa Pío X, Santo, quien tuvo actuación decisiva a favor de la catequesis e hizo posible entre otras cosas que los niños se acerquen a los sacramentos a edad temprana.

Los catequistas no están guiados sólo por su buena voluntad sino que tienen el mandato misionero para mostrar a todos en nombre de la Iglesia “el rostro misericordioso de un Dios que es siempre padre”. Son muchos los caminos que llevan a ser catequista y, en todos los casos, suelen surgir muchas preguntas en torno a la tarea.

Para Emilse Zelarayán, catequista y docente de Religión, ser catequista "es un don y una tarea de todos los día. Un don que recibimos gratuitamente, quienes creemos en Dios, lo recibimos de él. Además, es una tarea que día a día se renueva sabiéndonos conscientes de una misión que es la de anunciar la buena noticia, que no es más que tenemos un Dios que nos ama y que nos quiere felices", explicó. 

Pese a su experiencia docente, sostiene que no es fácil hablar de Dios porque siempre conlleva prejuicios. "A veces podemos hablar de Dios sin mencionarlo, por ahí es difícil hablar de Dios mencionándolo porque se tiene prejuicios de ese Dios que es castigador, que impone, que nos quiere quitar libertad y decirnos cómo hacer las cosas. Esa una idea de Dios", señala.

Pero si por el contrario, "hablamos de Dios sin mencionarlo, siendpo paciente, misericordioso, servicial, bondadodo en tu trato, ahí se estaría hablando de ese Dios que es misericordia, ese dios que es Padre y que quiere amar y sanar, que se olvidas de los prejuicios, que no ama el pecado, pero sí al pecador. Cuando se lo encara de ese lado es fácil hablar de Dios", fundamenta.  

Emilse comenzó a enseñar catequesis a los 16 años en la parroquia en Alderetes y cuando terminó el secundario decidió estudiar la carrera para ser profesora de religión. 

En cuanto a la forma de enseñar catequesis, consideró que "ha cambiado un poco el método. Antes estudiaban el catecismo de las 99 preguntas, entonces era aprender de memoria verdades de nuestra fe que siguen siendo las mismas de hoy en día, pero el método era memorístico, entonces aprendías de memoria y no pasaban por la experiencia". 

En cambio, "hoy en día lo que buscamos es que ellos puedan ser catequizados desde la experiencia, que puedan descubrir estas verdades de fe desde la experiencia". 

Para la profesora de religión, "lo esencial es recibir el sacramento, Jesús viene a habitar en la vida de cada uno de nosotros desde lo más sencillo, entonces es mantener el término medio entre los gustos y costumbres de cada cultura y la importancia del sacramento", concluyó. 

En el mundo de la catequesis se comprende que lo más importante es transmitir con amor el mensaje de Jesús y compartir con los demás la experiencia del encuentro con Jesús. Así, el catequista se convierte, definitivamente, en una persona que cree y sigue a Jesús viviendo la alegría de ser su testigo. Lo escucha en la oración y en la lectura del Evangelio y lo descubre en el discernimiento comunitario y en la vida cotidiana intentando ver a las personas, las cosas, las situaciones, tal y como Jesús las vería hoy.

El catequista se reconoce en búsqueda, en camino; no se cree ni dueño de la verdad ni el “maestro” que llega para esclarecer a los demás sino un instrumento que el mismo Jesús, presente en la comunidad, envía, sostiene y da fuerza para superar las oscuridades y dificultades. 

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