El triunvirato y la mesa chica de CGT resolvieron avanzar con otro paro ante un ajuste inexorable del Gobierno en tándem con el FMI y así, de paso, evitar una rebelión de los grupos opositores internos.

El triunvirato decide si impulsará una nueva huelga nacional para el mes que viene con el propósito de retomar la iniciativa y apagar un conato de rebelión en crecimiento de parte de los sectores opositores que encabeza Moyano.

La propuesta comenzará a tomar forma hoy durante una reunión del Consejo Directivo y se definirá el miércoles en un plenario de secretarios generales de la central sindical. La cumbre de pasado mañana estuvo en duda hasta la semana pasada pero el triunvirato y la "mesa chica" de la jefatura interpretó que suspenderlo hubiese sido interpretado como un triunfo por sus rivales internos. 

La posibilidad de un nuevo paro tras el que llevó adelante la CGT el 25 de junio con alto acatamiento fue confirmada anoche en reserva por en la "mesa chica" y abiertamente fue reconocida por Carlos Acuña, miembro del triunvirato junto a Héctor Daer y Juan Carlos Schmid. "Es posible un paro en septiembre porque esta semana vamos a definir nuestros reclamos al Gobierno y todo indica que una vez más no vamos a obtener respuestas", indicó el jefe del gremio de estacioneros. Durante el fin de semana los gremialistas comenzaron a barajar fechas para la realización de la huelga durante la segunda quincena de septiembre. 

Acuña le dijo anoche a este diario que la agenda de demandas a la administración de Mauricio Macri que terminará de consensuarse esta semana tendrá a la cabeza "un freno urgente a los despidos" y volverá sobre otros puntos también reclamados en varias ocasiones como "un alivio al tarifazo" en los servicios públicos, "un aumento de emergencia para los jubilados" y "el fin de cualquier techo en las paritarias porque, al fin y al cabo, los precios no tienen tope", amplió. 

El endurecimiento de la CGT responde tanto a la necesidad de fijar una posición de mayor fortaleza frente a un ajuste de profundidades difíciles de medir impulsado desde el Ejecutivo de manera inexorable, con la inspiración del acuerdo con el FMI, pero también de dar una señal de autoridad hacia el universo sindical. En ese ámbito el triunvirato y la "mesa chica" venían de dos semanas de soportar embates por dos vías: una, de los opositores declarados que le reclaman una posición maximalista de confrontación, y otra, más sutil, encarnada por la treintena de organizaciones del Movimiento de Acción Sindical (MASA), que exigieron a la jefatura coparticipación en las decisiones. 

La decisión de poner al tope de la agenda otro paro no implicará, sin embargo, un alineamiento automático en torno del trío. Los disidentes, que cuentan con Moyano, la Corriente Federal (CFT) y el sindicato de mecánicos (Smata) resolverán recién mañana si ir o no al plenario del miércoles en el teatro Empire del gremio de maquinistas de trenes La Fraternidad. En tanto que el MASA, con el taxista Omar Viviani y el ferroviario Sergio Sasia a la cabeza, ya anunció que no irá. 

"Convocar a un plenario con las diferencias que hay es casi infantil", dijo ayer Viviani en radio Cooperativa y advirtió que "van a ir algunos a querer demostrar que son los 'Che Guevara' del movimiento obrero", en alusión a la línea de Moyano y sus aliados. Sobre una posible huelga el taxista sostuvo que por sí mismo "no soluciona nada" y agregó que hacerla "sin un programa es desproteger a los trabajadores". 

Hasta anoche en la "mesa chica" indicaron que había una voluntad mayoritaria de sus integrantes para llevar adelante una nueva protesta de alcance nacional tanto por parte de los "gordos" de los grandes gremios de servicios como de los "independientes" de buen diálogo con el Gobierno y de otros grupos como los transportistas (colectiveros de UTA y La Fraternidad) y los exaliados de Moyano que adoptaron un perfil propio entre los que se cuentan el propio Schmid, el cervecero Carlos Frigerio y el dirigente del seguro Jorge Sola.

Fuente: Ámbito

Compartir

Comentarios