La obra que protagoniza Juan Leyrado es un éxito en todo el país.

La premiada obra subirá a escena el próximo 6 de septiembre a las 21.30 en teatro Alberdi.

Ovacionada por el público y la crítica, llega a Tucumán el suceso teatral que agotó todas sus funciones en Buenos Aires: " Un enemigo
del pueblo ", de Henrik Ibsen.  La cita es para el próximo jueves 6 de septiembre, a las 21.30.

La obra está protagonizada por Juan Leyrado, Raúl Rizzo, Edgardo Moreira, Viviana Puerta, Romina Fernandes y Bruno Pedicone. La
adaptación, música original y dirección está a cargo de Lisandro Fiks.

Un enemigo en el pueblo es la más polémica y controvertida pieza de Ibsen que, a más de un siglo de su estreno original, sigue interpelando al espectador por su inquietante exposición de las tensiones propias de la Democracia, por las contradicciones que expone entre el bien común y el compromiso individual de un hombre enfrentado a su propia comunidad.

En una ciudad que vive principalmente de su balneario, el doctor Stockmann descubre que sus aguas están contaminadas y advierte a la comunidad sobre los graves peligros que amenazan su salud. Pero tropieza con el rechazo de influyentes poderes y personajes, entre ellos su propio hermano y alcalde, además de propietarios y medios de comunicación. Todos parecen más preocupados por las pérdidas económicas que podría provocar el cierre del balneario que por la salud de las personas. En soledad, Stockmann enfrenta a políticos, periodistas y a sus vecinos, quienes olvidan sus propias diferencias para señalarlo como el enemigo común. Y lanza su célebre y polémica proclama: "La mayoría tiene la fuerza pero no tiene la razón. Tenemos la razón yo y algunos otros. La minoría siempre tiene razón".

La genialidad de la obra radica en la forma en que enfrenta a la sociedad burguesa con sus propias contradicciones morales y económicas. Debe haber pocas piezas teatrales de finales del siglo XIX que hoy, a comienzos del XXI, resulten tan irremediablemente actuales: la preocupación ecológica, la debilidad moral del periodismo, la  corrupción política, la degradación del debate público, la confusión entre democracia y demagogia, son algunas de las marcas de su innegable contemporaneidad.

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