El periodismo especializado desmenuzó el discurso del presidente donde ratifica medidas de cambios para salir de la crisis. Los gestos no pasaron inadvertidos.

Pocos minutos después del discurso del presidente de la Nación, Mauricio Macri, analistas políticos, empresarios, especialistas en leguaje gestual y actitudinal y periodistas especializados salieron a dar su opinión sobre lo que el titular del ejecutivo nacional dijo, quiso decir o no dijo en su discurso.

Esta es la mirada del periodista Eduardo Paladini, de Clarin:

El discurso de Macri: el Presidente buscó alejar fantasmas propios y agitar los ajenos

Por primera vez habló de “crisis” y reconoció el error del gradualismo. Los ricos, la corrupción y Venezuela.

Cuando volvió a hablar de "tormentas", de "ríos que hay que cruzar" y de "emergencia", parecía que el Presidente caería nuevamente en el inútil recurso -que él mismo predicó entre sus funcionarios- de evitar la palabra "crisis" para describir la complicadísima situación actual. Pero la realidad se lo llevó puesto y, pasada la mitad del discurso, Mauricio Macri no tuvo más remedio. Reconoció la "crisis" y, como sello propio, arengó: "Tiene que ser la última".

Mezclada en los cerca de 25 minutos de alocución, hubo también una (casi única) autocrítica, más allá del repetido "exceso de optimismo", que no califica como tal. Macri le pegó al "gradualismo" que le aconsejó desde su asunción quizás el dúo más influyente en sus decisiones: el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el consultor Jaime Durán Barba.

Todo el Gobierno reconoce hoy como un error esa falta de acción inicial y quizá por eso varios buscan tomar el atajo de culpar a uno de los exiliados, el ex ministro de Hacienda Alfonso Prat-Gay. Sin meterse en esa interna, que en ninguna versión lo exculparía, el Presidente avisó: "Tenemos que ir más rápido. No podemos seguir gastando más de lo que tenemos".

Esa nueva velocidad es la que anunciaría inmediatamente después el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne (y que adelantó Clarín), con el objetivo de alcanzar el "déficit cero" en 2019. 

Algún pícaro memorioso podrá relacionar el eje del nuevo discurso de Macri con el eslogan que inmortalizó Carlos Menem para convencer a los argentinos: "Estamos mal, pero vamos bien". Más allá de la comparación dañina, el Presidente sabe que, a casi tres años de haber asumido el poder, no logra despejar un fantasma que lo persigue: que gobierna para los ricos. El dijo que no es así: por eso, explicó, en esta "emergencia", repuso un impuesto "malísimo" como las retenciones, para que aporten "los que tienen más capacidad de contribuir". Y, como lado B, confirmó que habrá un extra para los más pobres en septiembre y en diciembre.

En paralelo,intentó reavivar fantasmas ajenos: la posible vuelta de Cristina. Mencionó varias veces las palabras "corrupción", "cuadernos", "miedo" y el infaltable "Venezuela". Tanto que por momentos pareció un discurso de campaña. Arraigado en una herencia sin dudas desastrosa, pero que la gente empieza a mirar cada vez más lejos. Por el simple paso del tiempo.

 

El discurso de Macri: el Presidente buscó alejar fantasmas propios y agitar los ajenos

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