El joven se realizó pruebas de ADN en Buenos Aires.

Hoy el hijo del exsecretario de José Alperovich continuará declarando. Pruebas en Buenos Aires.

En una nueva jornada del juicio por el crimen y posterior encubrimiento de Paulina Lebbos declaró el hijo del ex secretario privado de José Alperovich, Sergio Kaleñuk. 

“El caso me trajo muchos problemas por la exposición pública. Desde que comenzaron a nombrarme, lo que siempre quise y quiero es que, ojalá, se encuentre o se sepa lo que pasó. Porque no tengo nada que ver y no sé nada. Me puse a disposición de la Justicia desde el inicio, no tengo nada que esconder. Si me quieren creer, que me crean. Si hubiese sabido o alguien me hubiera contado algo, le aseguro que lo habría dicho”, dijo Kaleñuk ayer ante el Tribunal y remarcó no recordar mucho los hechos. 

El joven respecto de su decisión de realizar una prueba de sangre en Buenos Aires de manera privada y no en el marco de la instrucción penal agregó: "Después de una investigación como la que hizo el señor (fiscal, Diego) López Ávila, que me averiguó todo, hasta el número del zapato y qué calzoncillos usaba, y no consiguió un prueba en mi contra y no logró involucrarme más en el caso, me siguen investigando y me siguen investigando... Por eso, empecé a ver fantasmas y (pensar) que me podían plantar una prueba". 

Un poco confunso Kaleñuk dijo que se enteró por la prensa el caso y reconoció que su pade construyó una casilla en El Cadillal: “No recuerdo por qué la levantaron, no era mía la casilla”, enfatizó.

El fiscal Carlos Saltor expuso en la audiencia un registro de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), en el que figuraban unas 15 comunicaciones telefónicas de la línea a nombre de Sergio Kaleñuk, entre las 6.30 y alrededor de las 16, el domingo 26 de febrero de 2006. Ese día se realizó el clásico entre Atlético y San Martín y ocurrió la desaparición de Paulina.

Kaleñuk, quien seguirá declarando hoy, contó que se había acostado temprano la noche anterior y que el domingo se levantó a la madrugada y se trasladó hasta el club Central Córdoba, en Bolivar y avenida Alem, para vender las entradas destinadas a los hinchas de San Martín. Dijo también que habría recogido a un tal Hugo Gómez , quien “vivía frente al autódromo”.

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