Los robos comenzaron el pasado 25 de septiembre pasado.

Sucedió en una casa de avenida Juan I. Warnes al 400 en la capital tucumana. La víctima, una mujer de 76 años, decidió abandonar el hogar por miedo a los ladrones.

 

 Impotente y desconsolada. Marta del Valle Gramajo tuvo que dejar su casa por miedo y para evitar que la desgracia le terminara arracando su vida. Hoy, según relató, vive en el hogar de Nancy Ferreira, una amiga que la cobijó. La mujer, de 76 años, sufrió 11 robos en su vivienda de avenida Juan I. Warnes al 400, en los últimos 22 días. Los supuestos delincuentes ingresaron, rompieron puertas y se llevaron objeto por objeto en cada uno de los ataques. Incluso, la mujer sufrió una lesión en uno de sus brazos como resultado de una agresión.

Gramajo denunció los diferentes hechos, tanto en la seccional 10ª como el Ministerio de Seguridad y en la Fiscalía Especializada en Robos y Hurtos I, a cargo de Diego López Ávila. La unidad judicial dispuso una consigna policial para resguardar la propiedad, luego de la presentación de la ciudadana.

“Desde la segunda vez que entraron y me agarraron el brazo, no pude dormir. Entré en pánico. Dejé de cerrar los ojos. Sentía un ruido y me despertaba. Me adormecía recién con la luz del día”, enfatizó.

El inicio

“Al despertar por la mañana, quise preparar mate cocido. Me di cuenta en ese momento de que no estaba la garrafa de 15 kilos conectada a la cocinita, que había sido de mi hermano”, señaló la mujer, al referirse al primer robo, el 25 de septiembre pasado.

Dos noches después, los sospechosos rompieron otra vez la puerta para entrar a la casa. “Pegué un grito y después vi que uno de los tipos salía con el plasma en la cabeza. Dos personas, una más alta que la otra, se habían metido y llevaban medias puestas en las cabezas. Los rostros eran amorfos. Salieron luego por el mismo lugar”, contó la damnificada, quien dijo que en ese instante buscó a su vecino para poder estar segura.

En esa situación, a la mujer le robaron un televisor plasma; una segunda garrafa de gas de 10 kilos; la cocinita que usaba; un radiograbador; y una valija llena de papeles y objetos personales, de acuerdo a la descripción que hizo.

Frente a esos dos hechos, Gramajo colocó una vieja cocina como traba en la puerta rota. Creía que era una buena opción para impedir otro hurto bajo su propio techo. Pero no dio resultados.

La mujer recordó que pudo escapar durante la tercera noche de inseguridad. Lo hizo al oír que los desconocidos empujaban la puerta y arrastraban el aparato blanco sin dificultades. “Había dejado preparado al pasador del portón. Entonces, salí corriendo hacia la calle y volví a la casa de mi vecino”, describió.

Huir del hogar

La víctima dejó su hogar y se trasladó hasta la vivienda de Ferreira. “La traje a las tres de la madrugada del miércoles (3 de este mes). A partir de esa oportunidad, entraron sucesivamente el jueves, el viernes, el domingo y el lunes. Entraron entre las dos y cinco de la madrugada. Ese día, llevo a Marta porque ya no tenía seguridad, los ladrones habían roto todas las puertas”, comentó Ferreira, quien ha acompañado a su amiga a realizar las denuncias en las distintas dependencias oficiales. Con la casa vacía, se llevaron el ventilador, el secarropas, un aparato para hacer gimnasia, una máquina para cortar césped, ollas de buena calidad, la vajilla, 200 metros de cable, espejos y documentos de un juicio (de sucesión), entre otros elementos.

Marta del Valle Gramajo vivía con su hermano, quien falleció el 16 de mayo. Tiempo después, “tuvo que cerrar su negocio, un motel”, indicó Ferreira.

“Recibí amenazas, agresiones. Me tiraron basura y un pedazo del terreno fue usurpado”, agregó, por su parte, la víctima. Además, se quejó de que la Policía no había designado la custodia de una uniformado, respondiendo a la orden judicial.

 

Fuente: La Gaceta

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