En Comodoro Rivadavia, Chubut, el buque Seabed Constructor, de la empresa Ocean Infinity, inició en septiembre el operativo de búsqueda que ahora está por terminar. Foto: García Adrasti.

El rastrillaje que hace el Seabed Constructor entró en la recta final, al menos por este año.

Está a bordo, pero el audio es limpio. ¿Será que no hay viento? ¿O en qué rincón del Seabed Constructor estará? A Luis Tagliapietra no se lo oye quebrado. Perdió a su hijo Alejandro, tripulante del submarino ARA San Juan, hace casi un año, y desde entonces tiene el norte de encontrarlo. En la tierra o en el agua; en el cielo, de ser necesario. Pero la voz es traicionera y se le cuela la implosión inimaginable, con 44 pasajeros a bordo. Tanto en sus dichos llenos de esperanza como en los más duros, cuando avisa que quiere impulsar una ley para que la búsqueda no cese. Es que mover la mole sobre la que está parado ahora cuesta al menos 50.000 dólares por día, y aunque buscan, no aparece. Habrá que ponerse firme para que la investigación siga en pie, cree Tagliapietra, en especial de cara al paréntesis electoral de 2019. Dice que el apoyo de la clase política podría borrarse del mapa. Como el submarino.

La cuenta regresiva del operativo actual va llegando a su fin, pero ya se pudo confirmar que la intención es seguir buscando. Lo dijeron altas fuentes del Ministerio de Defensa y también Oliver Plunkett, CEO de Ocean Infinity, la empresa dueña del barco Seabed Constructor, que realiza el operativo de rastreo. Plunkett lo explicó: “Hicimos la propuesta para seguir con los 120 días estipulados en el contrato. Pienso que la Armada va a estar muy contenta y va a decir que sí”.

La prórroga dará alivio. El contrato firmado establecía cuatro meses hasta el 22 de diciembre, en el que debía haber 60 jornadas “operativas”. Desde este lunes faltarán diez, que se cumplirán hasta el 15 de noviembre a la 1 de la mañana, día del primer aniversario de la desaparición. Aunque la conversación –aseguraron en Defensa- va en la dirección de extender los plazos, todavía no se ajustaron los detalles. 

El jueves 1° de noviembre el Seabed Constructor hizo una parada técnica en Comodoro Rivadavia y este sábado volvíó a zarpar. Este domingo había 5 robots en las áreas 12 y 13. Pero a esta altura el tema dominante debe ser, sin duda, el enigmático “plan B”. Porque si se prorroga el trabajo de Ocean Infinity cuatro meses, ¿qué nueva área recorrerán? ¿Con qué hipótesis?

Plunkett adelantó algunos puntos: “Si la Armada acepta que sigamos, debemos tomarnos un tiempo para revisar los datos que recopilamos, ver de nuevo la evidencia y tener el análisis de expertos adicionales para determinar la mejor manera de seguir”. Y amplió: “El barco debe someterse a una evaluación que le toca cada cinco años en un dique seco de Sudáfrica, en diciembre y enero. Tenemos previsto volver a principios de 2019”.

Sobre el presente, el operativo actual va tomando la forma definitiva de una desilusión. Aunque la expectativa por la “capacidad tecnológica” del Seabed era inmensa, el 26 de octubre los ánimos desbarrancaron. Trascendió que Ocean Infinity quería colgar los guantes y ponerle “pausa” al rastrillaje diario. Todo tomó la forma de un momento incómodo en el que Gobierno pareció estar atajando un escándalo en potencia. Según describió el vocero de la Armada, Enrique Balbi, “Ocean Infinity expresó su intención de hacer una evaluación operativa y seguir en febrero los días restantes de búsqueda. La Armada dijo ‘primero cumplamos el contrato, que es de 60 días operativos en los primeros cuatro meses”.

¿Es inconcebible o reprochable preguntarse cuánto tiempo más tiene sentido buscar el ARA San Juan? En el Gobierno hay quienes prefieren una mirada realista: enfatizan que ninguna Armada del mundo buscó un año entero un submarino. Y con muchos peros ("es entendible que para los familiares nada vaya a ser suficiente", dicen), las autoridades saben que si no aparece pronto en algún momento habrá que darle un cierre.

El escepticismo -según una alta fuente de Defensa- se basa en el análisis de varios almirantes con años de experiencia. Según ellos, la dificultad de dar con el submarino reside precisamente en que está diseñado para no ser encontrado.

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