Tevez y el hincha que invadió el campo de juego.

En medio de una Bombonera colapsada, burló el operativo policial y se coló hasta el césped. Carlitos intervino cuando estaba por quedar detenido.

Apenas habían pasado un puñado de minutos del entrenamiento a puertas abiertas del plantel de Boca en la Bombonera, a 48 horas de la final de la Copa Libertadores ante River cuando un hincha irrumpió en el campo de juego y crispó los nervios de los encargados de la seguridad.

El estadio estaba repleto, ya se habían registrado incidentes en la calle porque la policía reprimió a la gente que intentaba ingresar a la cancha, que estaba colapsada. El clima estaba muy tenso en la Bombonera, entre la proximidad del partido, la poca tolerancia de los efectivos policiales y el nerviosismo de la gente. Ahí apareció la figura de Carlos Tevez para ponerle un poco de cordura al asunto y bajar la ansiedad de todos.

Mientras los jugadores entraban en calor con el clásico "loco" en el círculo central del campo de juego, un hincha saltó el acrílico que divide a la platea del césped, a la altura del túnel que da a los vestuarios. Intentó ir a abrazar a sus ídolos, pero enseguida fue detenido violentamente: un hombre de camisa negra le pegó una patada, un miembro de seguridad privada lo tackleó y finalmente fue maniatado por violentamente por dos efectivos de infantería.

El hincha, con la camiseta rosa de boca y una gorra azul y blanca, luchaba contra el césped, mientras los policías lo arrastraban. Primero fue Wanchope Abila el que a la distancia les pidió calma a los oficiales. Y Tevez reaccionó rápido, se acercó hasta donde estaba el hincha y les pidió a los policías que lo soltaran. El hincha lo abrazó emocionado.

Tevez rodeó al hombre con su brazo izquierdo y lo llevó cerca del resto de los jugadores. El hincha se tiró encima de Ábila, casi al borde de las lágrimas y después se abalanzó sobre Nahitan Nandez, que le devolvió el abrazo casi a carcajadas.

Después, Tevez le regaló su camiseta de entrenamiento y el hincha le dejó su gorra. Carlitos, sin dudar, se la acomodó sobre su cabeza. Al final, el hincha se retiró sin problemas y la práctica continuó con un picado en espacios reducidos, para que el público pudiera gritar algunos goles y de a poco comenzara a reinar la paz.

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