Hospitalizados. Otra imagen de los civiles afectados por los ataques químicos en Alepo, efectuados por los rebeldes con gas de cloro según las denuncias del gobierno de Siria. (AFP)

Fue en Alepo, bajo control del régimen aliado de Moscú. La disidencia niega el uso de armas prohibidas.

Aviones de Rusia bombardearon ayer la zona desmilitarizada de Idlib, en el norte de Siria, luego de un supuesto ataque rebelde con armas químicas lanzado el sábado contra la ciudad de Alepo. Esa ciudad es controlada por el gobierno sirio del presidente Bashar al Asad, apoyado por Rusia. Pero hay zonas de la región de Alepo y de las provincias vecinas de Idlib y Hama que están en manos de los rebeldes, apoyados por Turquía. Los bombardeos ocurrieron luego de que Damasco y Moscú informaran que  107 civiles fueron hospitalizados luego del ataque químico rebelde.

El de ayer fue el primer bombardeo en la zona desmilitarizada creada el 17 de septiembre de 2018 por un acuerdo entre Turquía y Rusia, dijo el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Esta zona desmilitarizada es una franja de 20 kilómetros de ancho que abarca las provincias de Idlib, Alepo, Latakia y Hama. Según se informó, los aviones rusos alcanzaron el barrio de Al Rashidin, en las afueras de Alepo, pero también el pueblo de Jan Tuman, al sudoeste de Alepo.

Un vocero del Ministerio de Defensa ruso, Igor Konashenko, confirmó que “la aviación rusa bombardeó las posiciones de artillería de los terroristas desde donde el 24 de noviembre se atacó a la población de Alepo con armas químicas”. El comunicado ruso dijo que “todos los objetivos terroristas” fueron destruidos y que Turquía fue informada por Rusia antes de concretar el bombardeo.

La agencia de noticias oficial siria, SANA, difundió imágenes y testimonios de médicos atendiendo a los pacientes intoxicados. El jefe del departamento sanitario de Alepo, Ziad Hach, afirmó a SANA que los pacientes respiraron gas de cloro disparado por la artillería rebelde, que impactó en los barrios Al Jaldiya, Nilo y Yamaiya al Zahraa.

Dado que no hay observadores internacionales independientes en la región, es difícil establecer quién fue el responsable del ataque químico. Fuentes de los rebeldes negaron las acusaciones. Las armas químicas están prohibidas por las leyes internacionales. Tanto el gobierno de Asad como los rebeldes fueron acusados en varias oportunidades por el uso de esta clase de armas.

“La acusación del régimen sirio es una mentira, no usamos armas químicas, no tenemos esa capacidad”, dijo a la agencia EFE el líder del grupo Ejército de la Victoria, Abdel Muin al Masri, cuyos hombres integran el opositor Ejército Libre Sirio. El ministro turco de Defensa y su par ruso se comunicaron ayer “mencionando las últimas provocaciones que pretenden perjudicar el acuerdo”, informó el gobierno de Turquía.

La provincia de Idlib es el último bastión controlado por los rebeldes en Siria y según la ONU allí viven tres millones de personas. La mitad de la población civil de Idlib proviene de otras regiones, antes controladas por los rebeldes. Al norte, Idlib limita con Turquía. Desde Alepo hacia el sur hay rutas estratégicas hacia Hama y Damasco, también en dirección al oeste, hacia la ciudad de Latakia en la costa siria del Mar Mediterráneo.

Fuente: EFE, AP, AFP

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