Matías Firpo (31) fue liberado este jueves tras un juicio abreviado.

En su indagatoria ante la fiscal Adriana Bellavigna, el mecánico tornero aseguró que no es barra y dijo que está “arrepentido”. Este jueves fue liberado.

“No soy barra. Estaba tomando algo y se me ocurrió tirar la botella. Estoy arrepentido”. Con esas palabras, acompañadas de un llanto que sacudió el Juzgado de Berutti 3345, Matías Sebastián Nicolás Firpo se declaró culpable del ataque al micro de Boca el sábado 24 de noviembre en la esquina de Lidoro Quinteros y Libertador. El mecánico tornero de 31 años se había negado a declarar el miércoles, cuando la fiscal Adriana Bellavigna lo citó a declaración indagatoria. El juicio abreviado derivó en un acuerdo y la sentencia de 2 años y 4 meses de prisión en suspenso para este hincha de River, uno de los responsables de la agresión a los jugadores xeneizes.

Firpo habló con TN y se expresó del mismo modo que lo hizo ante Bellavigna. "Voy a la cancha con amigos y familia. Fue un momento en el que no supe controlar un impulso, del cual me arrepiento porque sé que estuve mal", manifestó el mecánico tornero. Y se hizo cargo de la agresión, aunque repartió culpas con la Policía. "Me duele pasar por esto, no soy de hacer estas cosas. Fueron fallas de todos, del operativo y de todo ser humano que se equivoca como yo". El hincha detalló: "Siempre entro por Quinteros y la Policía había cortado la calle. Se estaba juntando mucha gente ahí, porque no dejaban pasar a nadie. Nunca pensamos que iban a hacer doblar al micro por ahí y cuando llegó fue todo un desastre". River ya decidió su expulsión como socio. 

Unas horas antes, su abogado Ricardo Vallejos lo había deslindado de la barra. "No forma parte de ningún grupo. Vio que la gente empezaba a tirar y se enganchó. No es violento y no tiene antecedentes", manifestó el asesor letrado que ponderó el trabajo de los investigadores. Y agregó: "Mostró arrepentimiento y la magistrada tuvo en cuenta que es una buena persona, con trabajo estable y familia". Más allá de los dichos de su defensor, Firpo había cambiado su fisonomía: se cortó el cabello y se afeitó la barba. Aquel sábado, lucía una gorra roja y anteojos de sol. Fue filmado ingresando a la tribuna Centenario Alta. Y a pesar de que su domicilio está en Lomas del Millón, partido de La Matanza, nada tiene que ver con la Banda del Oeste, la facción disidente de Los Borrachos del Tablón.

Firpo no podrá acercarse a las inmediaciones del Monumental, mucho menos ingresar en el estadio, y no podrá asistir a ningún espectáculo deportivo masivo durante el tiempo de su condena. “Su vida como hincha terminó”, le dijeron en el Ministerio Público Fiscal a Clarín. Además, deberá hacer 180 horas de tareas comunitarias y un curso de convivencia urbana. Deberá presentarse el jueves para notificarse de su sentencia. Si quiere irse del país, deberá pedir autorización en el Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas N° 28.

La jueza María Julia Correa no le dio lugar al pedido de prisión preventiva de la fiscal. Vallejos solicitó la probation. Bellavigna se negó. “No se la podía llevar de arriba con el quilombo que armó y la cantidad de gente que perjudicó”, deslizaron en la fiscalía. Firpo no quiso arriesgarse al juicio oral, que podía terminar en una condena de 2 a 6 años. Si el fallo superaba los 3, se exponía a cumplir la pena en prisión. Se lo había imputado por daños y lesiones leves por infringir la ley del Deporte 23184.

Para la Justicia fue más sensible el incidente de la mujer que rodeó el cuerpo de su hijo con bengalas. A pesar de que L.G.M. -sólo se conocieron las iniciales del nombre y apellido de esta vecina de Villa del Parque- le había quitado la pólvora a la pirotecnia, la fiscal consideró como un agravante del parentesco y fue condenada a 2 años y 8 meses de prisión en suspenso, también en un juicio abreviado, por el delito de poner en riesgo la vida de terceros. A diferencia del mecánico tornero, fue derivada a un tratamiento psicológico. 

Firpo no es un chivo expiatorio. Hay más violentos identificados por el Cuerpo de Investigaciones Judiciales, pero necesitan mayores elementos probatorios para pedir la orden de detención. En el caso del mecánico tornero, sobraban elementos. Se los mostraron el miércoles cuando también lloró, pero se negó a declarar.

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