Selfie?

La vida consiste en esperar, y a alguien se le ocurrió motivar esa espera.

Es vox populi, los seres humanos pasamos 32 millones de horas haciendo cola. Eso se traduce en cuatro años de nuestra vida esperando pacientemente en una fila a que nos toque el turno a nosotros. Eso no es todo. Pasamos cinco viendo la televisión, cuatro en el coche, nueve en redes sociales o dos comprando. Y solo 69 días practicando sexo, que si se compara con el tiempo que pasamos de pie (30 años), quizá sabe a poco.

Es natural, por lo tanto, que busquemos formas de entretenernos mientras hacemos cosas que nos son, en algunas ocasiones, impuestas. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste "ojalá hubiera pasado más tiempo esperando el ascensor"?. Nunca, ¿no? Esperar es una molestia. Es una verdad universal. Y es por eso mismo que alguna persona ingeniosa y con un sueldo probablemente alto tuvo una idea fantástica: colocar espejos en los lugares donde tenemos que esperar un rato.

Y es que mirarse a uno mismo hace la espera más llevadera, no es una cosa del feng shui. Como explicó en su día el New York Times, la idea nació durante el auge posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando la propagación de rascacielos por todas partes dio lugar a quejas sobre los retrasos en los ascensores. La razón detrás de los espejos, la que todos sospechábamos: dar a las personas algo para ocupar su tiempo y hacer la espera más corta. Y funcionó. De la noche a la mañana las quejas cesaron.

La razón por la que todos odiamos esperar es sencilla: el tiempo es oro. Pensamos que mientras nos toca esperar una fila podríamos estar haciendo cosas mucho más productivas. Vivimos en un mundo rápido, lo que además ha desequilibrado nuestro temporizador interno. El tiempo estimado de espera puede medirse y estudiarse casi como una ciencia, y si no que se lo digan a Disney, que aplica la psicología para que los clientes que esperan una cola en algún parque se vean gratamente sorprendidos al comprobar que han tardado menos de lo que esperaban en montarse en el Space Mountain.

Lo curioso es que muchas encuestas muestran que las personas, por norma general, esperan el doble de tiempo para la comida rápida siempre que el local comercial utilice un sistema de pedidos de una sola cola en lugar de varias. Y a todos nos ha invadido, esa terrible certeza de que, elijas la cola que elijas en el súper, será la que vaya más lenta de todas.

Pero quizá todo esto de la espera, como decíamos antes, es una cuestión de perspectiva en un mundo que va demasiado rápido. Quizá estamos demasiado acostumbrados a que Google nos de la respuesta, a que Siri nos conteste y a que el doble check azul del WhatsApp pase a ser un "escribiendo". Quizá lo que realmente tendríamos que hacer es parar un momento, respirar y mirarnos al espejo para ver si estamos bien peinados.

 

Fuente: El Confidencial. 

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