Leandro Romagnoli junto a sus hijas en su despedida en el Nuevo Gasómetro. (Emmanuel Fernández)

En el Nuevo Gasómetro, el Pipi jugó junto a sus amigos del fútbol en su última función tras 20 años de carrera. “Gracias por todo”, cerró.

Los días de sol hacen que las despedidas lejos estén de ser tristes. Y la tarde del sábado le regaló un adiós perfecto al último gran héroe de la historia reciente de San Lorenzo en un Nuevo Gasómetro invadido por más de 20 mil cuervos que se emocionaron con los recuerdos de una carrera llena de gloria azulgrana. Leandro Atilio Romagnoli le puso un broche de oro final a sus días de futbolista con un partido plagado de estrellas, amigos y campeones. Después de haberse retirado a mitad de este año, el Pipi jugador dijo oficialmente adiós para darle paso a la leyenda del 10 eterno.

“Olé, olé, olé, olé, Pipi, Pipi”. Padres y madres, abuelos y abuelas, hijos, hijas, nietos. Familias enteras le cantaron y le rindieron un merecido homenaje al más ganador de todos con la camiseta azul y roja. Las imágenes de la pantalla gigante arrancaban suspiros, alguna que otra lágrima y palmas. Pipi gambeteando. Con esos pantaloncitos cortos que le pasaban largamente las rodillas cuando recién daba sus primeros pasos. Con el flequillo que impuso una moda entre los fanáticos más jóvenes de la época. Con ese vértigo indomable. Gambeteando y haciendo goles. Como los del Clausura 2001. Como el de la apilada en Medellín en la final de la Copa Sudamericana. Cómo el golazo de su vuelta ante Estudiantes. Gambeteando, haciendo goles y dando vueltas olímpicas. Seis en total: Clausura 2001, Mercosur 2001, Sudamericana 2002, Torneo Inicial 2013, Libertadores 2014 y Supercopa 2015.

“Te vamos a extrañar”, le dijo el conductor del evento, Rodolfo Barilli. “Yo también”, solamente pudo responder Romagnoli, con la voz ahogada de tanto cariño recibido. De parte de los simpatizantes y de colegas que dijeron presente para estar cerca suyo en un día que recordará por siempre. Algunos sin importar cómo podría llegar a ser la reacción del público. Cómo Sebastián Saja. Pero el Chino se llevó grata sorpresa al ser aplaudido por toda la cancha cuando fue anunciando y saltó al campo. Ezequiel Lavezzi fue otro que escuchó su nombre corear. Al igual que Pablo Michelini, Gustavo Campagnuolo, Coco Capria, Leo Rodríguez, Bernardo Romeo, Pipo Gorosito y Beto Acosta. Todos estos formaron parte del equipo con camiseta negra ya que representaron a la primera etapa del Pipi en San Lorenzo.

Del otro lado, vestidos de azulgrana, fueron reconocidos con énfasis Sebastián Torrico, Gonzalo Bergessio, Fabricio Coloccini, Nacho Piatti, Tito Villalba, Néstor Ortigoza, Pichi Mercier, Mauro Matos y Nicolás Blandi.

Pero el que se llevó todos los aplausos después del Pipi fue sin duda Edgardo Bauza, el técnico campeón de la Libertadores. El Patón volvió a entrar al vestuario local y a sentarse en el banco del conjunto de Boedo y se mostró feliz. Rubén Dario Insúa, Oscar Ruggeri y el Gallego González fueron los otros entrenadores invitados a un partido que tuvo varios golazos a pesar de ser amistoso (terminó 8-7).

Un cabezazo potente de Bergessio tras un centro de Voboril, otro de Romeo, del Beto... Y el Pipi no se iba a quedar atrás. Después de meter uno de penal -de rigor en este tipo de encuentros- les pagó las entradas a los hinchas con una definición exquisita desde afuera. Un último destello de la calidad de su botín derecho, que mantiene los poderes mágicos intactos.

Y cuando parecía que el momento emotivo con ese ingreso de la mano de sus hijas había pasado, llegó una sorpresa más que especial. Atilio, el papá del Pipi, confeso hincha de Huracán, se puso la pilcha cuerva y entró para fundirse en un abrazo eterno con su hijo y tirar unas paredes inolvidables con la garganta anudada y el corazón reconfortado. Habría más lágrimas de amor en ese final de caricias y besos con la familia completa en el jardín de su otra casa: el Pedro Bidegain, musicalizado con la voz en vivo de Vicentico.

“Quería compartir esto con todos ustedes porque fueron el motor de todo lo que se logró. Gracias a mi familia. No sé qué más decir, gracias por todo”, se despidió el 10. Una última ovación. Todos de pie. Una vuelta olímpica, la última. Y un Gracias Pipi eterno para el ídolo que se convirtió en leyenda.

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