Mauricio Macri y Jair Bolsonaro se encontrarán en Brasilia para acordar una agenda de trabajo que implica rediseñar el Mercosur y encontrar una estrategia común para abordar la crisis institucional en Venezuela

El presidente se reunirá con Jair Bolsonaro. Se encontrarán en dos semanas en Brasilia. Analizarán la integración bilateral, la arquitectura del bloque regional, el acuerdo con la Unión Europea y la estabilidad de Nicolás Maduro.

Mauricio Macri y Jair Bolsonaro se encontrarán en Brasilia para acordar una agenda de trabajo que implica rediseñar el Mercosur y encontrar una estrategia común para abordar la crisis institucional en Venezuela. Macri y Bolsonaro comparten haber derrotado al modelo populista en Argentina y Brasil, pero también tienen profundas diferencias sobre el cambio climático, el papel de la religión en los asuntos de estado, la relación bilateral con China, la política de igualdad de género y la manera de resolver la crisis inmigratoria. En este contexto, Macri llegará a Brasil con un complejo desafío geopolítico: evitar que Bolsonaro ponga en peligro al equilibrio regional, como Donald Trump hizo cuando llegó a la Casa Blanca. No será tarea fácil: "USA está con usted", escribió Trump en su afilada cuenta de Twitter.

Macri debe a Trump el éxito del G20 y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero el presidente argentino logró una valorable equidistancia con la agresiva agenda de la Casa Blanca. Macri mantuvo su posición sobre el acuerdo del Cambio Climático, preservó la relación bilateral con China y rechazó la invasión a Caracas como método político para terminar con el régimen de Nicolás Maduro. Trump piensa exactamente al revés, y aún no había encontrado un socio regional de peso para ajustar cuentas con Emmanuel Macron, Xi Jinping y Maduro.

La asunción de Bolsonaro satisface las aspiraciones geopolíticas de Washington y revalorizará la agenda multilateral de Macri, que enfrenta una compleja campaña electoral condicionada por la crisis económica de la Argentina. Bolsonaro canceló la Conferencia del Clima en Brasil (será organizada por Chile), anunció que se retirará de un acuerdo de inmigración avalado por la ONU, cree que hay que achicar los niveles de inversión local de China y ya exhibió una posición rampante respecto al gobierno venezolano: suspendió la invitación que se había cursado a Maduro para que participara de sus asunción presidencial.

Ante la debilidad institucional de Michel Temer –que ayer entregó el poder a Bolsonaro-, Macri podía ejecutar una agenda multilateral que era aceptada por todos los socios del Mercosur. Sólo Uruguay exhibía ciertas diferencias –vinculadas a la negociación técnica con la Unión Europea y a la posición del bloque respecto a Venezuela-, pero el presidente argentino en términos conceptuales tenía consenso para presentar políticas comunes en todos los foros internacionales. Así ocurrió en el G20 de Hamburgo y Buenos Aires, en la cumbre de los BRICS, en la UE y en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

La asunción de Bolsonaro terminará con este protagonismo internacional. Brasil es la potencia regional, Macri estará muy concentrado en su posible reelección y Trump inclinará el peso de DC a las decisiones que se asuman en el Palacio del Planalto. Esto no significa que el presidente argentino pierda el respaldo de Trump, sino que ese respaldo quedará menguado en comparación al empuje que recibirá Bolsonaro desde la Casa Blanca. Trump es amigo de Macri y no lo va a soltar, pero en términos de poder mundial y geopolítica, Bolsonaro es un socio estratégico para el nuevo orden global que pretende construir el magnate inmobiliario.

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