El hallazgo conmocionó a lños vecinos de Villa Carmela

La mujer, de 62 años, vivía con su hijo en una vivienda del barrio San javier, Villa Carmela. Vecinas dijeron que en los últimos meses la habían visto con signos de golpes. Sin embargo, las primeras pericias no determinaron signos de violencia en el cuerpo.

Una mujer, de 67 años, fue hallada ayer sin vida en la cocina de su casa, en Villa Carmela. El cadáver fue encontrado en el piso, luego de que las vecinas se percataran de su ausencia desde el domingo. Ese día la vieron por última vez. La Policía identificó a la víctima como Silvia Noemí Moya, de 62 años, una ama de casa conocida en San Javier, la barriada donde tenía su vivienda.

“La mujer del negocio me preguntó si la había visto, porque quería llevarle unos sandwich. Ahí nos dimos cuenta que desde el 30 de diciembre no la veíamos”, contó Claudia Jerez. En esa oportunidad, la habían observado caminando con una escoba como bastón, “pidiendo dinero, como lo hacía siempre”, comentó. Además, Moya salía habitualmente a las 7 para comprar en el almacén.

Tras la conversación con la dueña del comercio, la vecina se trasladó hasta la casa de la víctima para saber de ella. Golpeó las manos una y otra vez, pero no tuvo respuesta. Ante esa situación, optó por advertir en el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) de la zona. Minutos después, la Policía llegó a la casa y confirmó la muerte.

“Cortaron la tela metálica para poder pasar, ya que estaba todo el frente cerrado. Los policías y el agente sanitario ingresaron y vieron que el cuerpo estaba ahí”, contó Claudia.

“A veces pedía un poco de dinero para un ‘pucho’ o para comprar un remedio para sus dolores (problemas de presión)”, aportó Estela, otra habitante de la cuadra,

 

El dolor

Moya era una “señora linda, rubia y de ojos azules, y no pasaba desapercibida por sus perfumes”. Las vecinas comentaron, sin embargo, que en los últimos meses “la habían visto con signos de golpes, que podrían haber sido producto de caídas adentro de la casa”. El cuerpo yacía ayer boca abajo y en proceso de descomposición, según fuentes cercanas. Ella vivía con uno de sus dos hijos, quien estaba de viaje hasta el momento del hecho.

Ayer, una vez que se confirmó la muerte, el otro hijo, Ezequiel Anabia, se presentó junto con su pareja. “Mi mamá vivía adelante y mi hermano en la casa de atrás. Pude ingresar hasta la puerta de entrada. Vi que la puerta estaba con traba. Después me pidieron que me retirara”, dijo el familiar.

“La última vez que la vi fue cuando me recibí, en la Facultad. Después, nos cruzamos mensajes con mi hermano y me dijo que ella iba a pasar la fiesta con él. Yo trabajé el 24 y el 25 de diciembre, y el 31 de diciembre y ayer. No sé qué pasó, ni qué tengo qué hacer ahora”, expresó llorando.

De acuerdo al reporte oficial, el cuerpo no habría tenido “signos de violencia”.

Fuente La Gaceta

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