Especialistas afirman que descansar durante un tiempo menor al recomendado puede afectar a nuestro corazón. El resultado fue publicado en la revista del Colegio Americano de Cardiología.

Llevar una alimentación saludable, hacer ejercicio físico en forma regular, no fumar, moderar la ingesta de alcohol -en caso de consumirlo-, controlar la presión arterial y reducir el estrés son las principales recomendaciones vinculadas al estilo de vida para cuidar la salud del corazón. Dormir entre siete y ocho horas sería otro hábito a incorporar, de acuerdo a un nuevo estudio que halló que el descanso nocturno insuficiente y la mala calidad del sueño aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Diversos trabajos científicos muestran el impacto negativo que la mala higiene del sueño tiene en el organismo, ya que eleva el riesgo de tener obesidad, ciertos tipos de cáncer, deterioro cognitivo e infecciones; además de incrementar la ansiedad y la falta de atención. Investigadores españoles se dieron a la tarea de evaluar su influencia en el riesgo de sufrir aterosclerosis (el “taponamiento” de las arterias por la formación de placas), la enfermedad cardiovascular más frecuente.

 

El trabajo publicado hoy en la revista del Colegio Americano de Cardiología incluyó a casi 4.000 participantes del estudio PESA CNIC-Santander sin enfermedad cardíaca conocida, con una edad promedio de

46 años y de los cuales dos tercios eran varones. El objetivo era detectar la prevalencia y la tasa de progresión de lesiones vasculares subclínicas, es decir, asintomáticas. Fueron divididos en cuatro grupos: los que dormían menos de seis horas (sueño corto), de seis a siete (corto), de siete a ocho (de referencia), y más de ocho (largo). Todos los voluntarios usaron durante una semana un actígrafo, un pequeño dispositivo a través del cual midieron las características del sueño; se les realizaron ecografías cardíacas 3D (carotídeas y femorales) y tomografías computadas.

Tras considerar todos los factores de riesgo tradicionales para la enfermedad cardiovascular y los posibles factores de confusión (edad, sexo, actividad física, índice de masa corporal, tabaquismo, consumo de alcohol, así como niveles de presión arterial, colesterol y glucosa, entre otros), los resultados arrojaron que los participantes que dormían menos de seis horas tenían una probabilidad 27% mayor de tener ateroesclerosis en comparación con quienes lo hacían entre siete y ocho.

 

Pero el sueño corto no es el único factor que puede tener consecuencias negativas: el descanso de mala calidad eleva un 34% las probabilidades de presentar aterosclerosis, de acuerdo al trabajo. Para evaluar la calidad del sueño, los investigadores tuvieron en cuenta cuán fragmentado era el sueño de los participantes (cuántas veces se despertaban por la noche) y sus movimientos en la cama.

“Cuando dormimos menos se activa nuestro sistema nervioso simpático y eso hace que tengamos picos de hipertensión, de hiperglucemia, peor control del perfil lipídico y todo esto, puede promover el desarrollo de placas de colesterol en las arterias”, responde a Clarín Fernando Domínguez Rodríguez, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) de España y primer autor del artículo, quien no obstante aclara que no se conoce con certeza el mecanismo por el cual un sueño corto o fragmentado favorece la aterosclerosis.

De la investigación se desprende que dormir mucho tampoco garantiza beneficios. Si bien el número de participantes con un sueño nocturno superior a las ocho horas fue pequeño, el sueño excesivo también se asoció a un riesgo aumentado para el bloqueo o el estrechamiento de las arterias, sobre todo en mujeres.

 

“Las enfermedades cardiovasculares son un gran problema mundial”, considera José Ordovás, autor principal del estudio e investigador del CNIC, que dirige el prestigioso cardiólogo Valentín Fuster. “Actualmente estamos previniendo y tratando a las personas afectadas con diferentes métodos -fármacos, actividad física y dieta-. Sin embargo los resultados de este nuevo estudio enfatizan que debemos incluir el sueño como una herramienta más para combatirlas”, destaca quien también es director de Nutrición y Genómica en el Centro de Investigación y Nutrición sobre el Envejecimiento Jean Mayer Human-USDA en la Universidad de Tufts (Estados Unidos).

El déficit de sueño es moneda corriente en las sociedades occidentales. Sin embargo, Domínguez Rodríguez coincide en que el peso de los buenos hábitos de descanso en la salud cardiovascular se encuentra subestimado. “Al igual que promover una buena alimentación o hacer ejercicio, se debería hacer una recomendación global de hábitos que incluyan un sueño de duración y calidad adecuadas -considera-. Además, generalmente las personas que cumplen con una buena alimentación y ejercicio, suelen tener hábitos de sueños más saludables."

Carol Kotliar, jefa de Hipertensión Arterial y Prevención de Envejecimiento Arterial del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Austral, apunta a Clarín que "los resultados de este estudio siguen la alerta levantada en 2015 por investigadores de China que describieron un incremento de 27% del riesgo de ACV en jóvenes menores de 30 años asociado a dificultades del sueño, como insomnio y corta duración". Añade que, pese a que hubo otros estudios que función como "llamadas de atención" en este sentido, "no se ha generalizado su pesquisa aun en la consulta médica".

 

El trabajo, que forma parte del PESA CNIC-Santander -un seguimiento realizado a una cohorte de empleados bancarios iniciado en 2010- mostró que un sueño muy corto o muy fragmentado se asoció a una mayor carga aterosclerótica en varios territorios vasculares, incluidos no coronarios. Dependiendo de dónde se localice, la aterosclerosis puede provocar infarto de miocardio, ataque cerebrovascular (ACV) o insuficiencia circulatoria.

“Se necesitan más estudios para averiguar si dormir bien y durante el tiempo suficiente puede prevenir o revertir este efecto. Mientras tanto, parece sensato tomar medidas para dormir bien por la noche, como llevar un estilo de vida activo y evitar el café y los alimentos grasos antes de acostarse", concluye Domínguez Rodríguez.

Estudios previos ya habían mostrado cómo la falta de sueño aumenta el riesgo para el corazón al incrementar los niveles de glucosa, presión arterial, inflamación y obesidad. A diferencia de esos trabajos, este es más grande (por la cantidad de participantes involucrados), se enfocó en una población sana y se utilizaron actígrafos para obtener medidas objetivas del sueño, destacaron sus autores.

 

Fuente. Clarín

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