Son recomendados los ambientes refrigerados, la ropa adecuada y el protector solar

Un neurólogo y una endocrinóloga, explican por qué las altas temperaturas nos hacen sentir más consados, estresados y fatigados

Lejos de la típica escena de calma y total serenidad con la que asociamos unas buenas vacaciones en la playa, las altas temperaturas que sentimos en verano (acompañadas de las gotas de sudor que caen por la frente y la sensación de estar dentro de un sauna) pueden alterar nuestras emociones y transformarnos en verdaderos monstruos malhumorados.

“El calor me hace sentir molesta todo el tiempo, es una sensación que va desde el enojo hasta la irritación. Hay personas que saben sobrellevarlo mejor, pero para mí es una incomodidad física constante que desemboca en dolores de cabeza”, explica el ama de casa Eugenia Medina para quien incluso los quehaceres domésticos se convierten en una tortura cuando la temperatura sobrepasa los 30 grados.

“No soy una persona quejosa, pero al salir a la calle la impresión de pesadez es tal que termino desganada, como si de golpe tuviera 10 kilos extra. Además, en días como hoy soy menos tolerante y me enojo con facilidad. Sé que está mal pero cuesta rendir al 100 por ciento cuando hace calor”, describe la estudiante Agustina Córdoba mientras el sonido del acondicionador de aire se escucha de fondo.

¿Es posible sobrevivir a enero sin sentirnos fastidiados? ¿A qué se deben estos cambios? “El cuerpo humano vive el calor extremo como una situación de estrés y sobreesfuerzo a la que debe adaptarse. Por ejemplo, a través de la hidratación, los ambientes refrigerados, la ropa adecuada y el protector solar -explica el neurólogo Federico Pelli Noble-. El cuerpo lucha por mantener un equilibrio en sus funciones pero, de no tomarse esta clase de medidas, pierde dicha capacidad de adaptación y sobrevienen los estados de aturdimiento, irritabilidad, confusión y cambios bruscos de humor”.

El ventilador y una canción de cuna

En esta época del año, sin armas como el helado, el aire acondicionado o los litros reglamentarios de agua fresca nuestro cuerpo puede padecer un mayor cansancio, fatiga o aturdimiento. Y, si el clima no refresca al dormir, por las noches se libra una nueva batalla con la almohada donde, el insomnio y la fragmentación del sueño se suman como ingredientes en esta receta de desgano.

Para que esto no ocurra, la endocrinóloga Ana Claudia Wittch explica que el organismo necesita estar, como temperatura corporal ideal a unos 21°. “Si la temperatura ambiental es alta, el sistema nervioso central trabaja en exceso para regular el cuerpo y su hiperactividad dificulta la conciliación del sueño”, explica la especialista.

“La semana pasada estuve cinco días seguidos sin dormir más de tres horas. La sensación de calor era tal que me molestaba hasta el roce de las sábanas y los ruidos que venían de la calle. Al final, recurrí a un médico para que me recete unas pastillas para dormir porque sino era imposible”, comenta el jubilado José Núñez Pereyra.

Advertencias para los acalorados

Junto al desgano que sentimos al caminar por la peatonal en las horas pico, los rayos UV pueden afectar nuestro comportamiento. Existen varios estudios -recopilados en un artículo publicado por la revista “Science”- donde se relacionan las altas temperaturas con un aumento de las conductas violentas y la agresividad.

Además, pueden aparecer algunas patologías que involucran el desempeño de nuestras funciones cerebrales. “Hay trabajos científicos que consignan que -con la pérdida de alrededor del 2% del peso corporal por la transpiración excesiva- podrían surgir trastornos en la concentración y en la memoria reciente”, acota Wittich.

La prevención es la misma que para protegernos de cualquier golpe de calor o exposición prolongada a l sol. Lo que se suma a la lista es un “transite por la sombra, peligro de convertirse en una persona malhumorada”.

Fuente: La Gaceta

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