Plan de vacaciones junto a amigas

De la mano de psicoanalistas te damos algunos tips y claves para vivir unos días de descanso, en convivencia, sin problemas

Levante la mano la que se fue de vacaciones y nunca volvió atacada con su acompañante. Querer a alguien no es sinónimo de ser compatibles a la hora de convivir y no se necesita ser psicólogo para saberlo.

Del grupo adolescente que va a Pinamar inaugurando adultez a las familias que comparten casa para abaratar costos, las vacaciones tienen esa particularidad de reunir gente que se lleva muy bien socialmente, bajo el mismo techo.

Pero no es lo mismo un ratito que varios días juntos. Lo cierto es que una apuesta arriesgada puede terminar en las antípodas del disfrute. De todos modos, la que no apuesta no gana y salir de la rutina es de lo más sano que hay, así que un plan de vacaciones con amigas puede resultar siempre y cuando te anticipes.

"Lo que hay que tener en cuenta es que cuando vas de vacaciones con una persona que conocés de ámbitos sociales, cada uno tiene una pauta cultural distinta. Eso tiene que ver con la familia, las costumbres…", explica el psicoanalista Harry Campos Cervera. Saliendo de casos especialmente conflictivos, el choque de esas pautas culturales distintas puede ser un disparador de conflictos cuando no está bien manejado.

"Las vacaciones con amigos sólo funcionan cuando se plantean como un fin en sí mismo. Si se ponen las expectativas más en el lugar o las cosas que uno quiere hacer que en el hecho de que se está yendo a compartir un momento, entonces es probable que la convivencia no funcione", asegura la psicoanalista Nora Vinacur.

Pero una buena convivencia no es suerte y todos coinciden en que hay varias cosas que pueden ayudar a que las vacaciones con amigos sean un éxito. Charlas y acuerdos de presupuesto, pautas básicas de convivencia y un análisis razonable antes de irnos con amigas son algunos de los consejos para volver mejor de lo que nos fuimos.

ECONOMIZAR CONFLICTOS. Ya lo dice el refrán: "Cuentas claras conservan la amistad". De todos los conflictos que los pacientes llevan a terapia postvacaciones, las diferencias en el manejo de la plata y presupuestos son el más recurrente. Estar en un mismo segmento socioeconómico no es suficiente para ser buen equipo de viaje: cuánto se gasta, cómo se gasta y cómo se distribuyen esos gastos es parte de lo que se tiene que saber bien antes de embarcarse en un viaje conjunto.

"Hay un punto básico que tiene que ver con el presupuesto del que se dispone, pero después en el viaje hay gente que es muy prolija y lo resuelve de antemano con un Excel. Lo ideal es hablar antes y definir cómo va a ser", aconseja Vinacur. Viajar con gente que tiene un estilo de consumo parecido es fundamental para pasarla bien: si no puedo ir a comer afuera nunca o ir al bar que me divierte porque el otro no quiere o no puede, es probable que me frustre; igual que si todo el tiempo siento presión porque mi amiga quiere hacer cosas que para mí son un esfuerzo o un gasto innecesario. En eso, nada mejor que ser realistas: podemos ser excelentes amigas y juntarnos a almorzar cada tanto, pero no viajar juntas. Parece obvio, pero no lo es, y a nadie le gusta que lo traten de miserable o derrochador porque tiene distintas prioridades. Viajar con alguien que tiene nuestro presupuesto y expectativas es el primer punto a tener en cuenta a la hora de planear un viaje.

"Es importante entender que lo que el otro hace distinto a mí no lo hace en mi contra. No todo hábito diferente al mío es desconsideración. En la medida en que entendamos eso, va a ser más fácil llegar a acuerdos", explica Campos Cervera. El punto aplica a casi todos los ítems de la buena convivencia: desde la toalla en el baño a la música o las tareas domésticas. A cada edad los desafíos son distintos y así como los chicos pueden pelearse por los juegos de la Play, los adolescentes se pelean por el ritmo de las salidas y los adultos por los hábitos de orden o comidas. "Hay ciertos códigos que se supone que tienen que ser respetados acá y en todos lados: es importante hablar de antemano cómo va a ser", aclara Vinacur.

Por su experiencia con adolescentes, la psicanalista es muy estricta en los temas que tienen que ver con seguridad: quién entra a la casa, quién no, cómo se van a manejar las salidas y qué cosas le divierten a cada uno.

CONOCETE A TI MISMO. "No se puede convivir con todos: en la medida en que seamos conscientes de eso, las posibilidades de que nos vaya bien son mayores. Yo tengo amigas con las que mantengo una excelente relación, pero jamás conviviría con ellas porque son muy obsesivas, o exigentes, o tienen un nivel de pulcritud exacerbado", asegura Vinacur.

Esa realidad y la capacidad de identificar y evitar gente que tiene una tendencia al conflicto son el básico en cualquier manual de supervivencia en vacaciones con amigas.

"Hay gente que de por sí es conflictiva y lleva el conflicto a donde vaya. Va a encontrar los puntos porque proyecta, porque en realidad lo que hace es llevar sus problemas ahí", anticipa la psicoanalista. Sin embargo, sacando esas excepciones evidentes, nunca falta una discusión innecesaria porque uno quiere ir al Pan de Azúcar y otra a un shopping, o porque una siente que no salen lo suficiente, porque alguna que tiene un ritmo más tranquilo ocupa el cuarto para dormir o porque todas las noches escuchan música fuerte hasta tarde.

"Es importante que se respete la libertad de cada uno: que el que necesite descansar pueda hacerlo y el que quiera hacer otra cosa no deje de hacerlo porque sus amigos no tienen ganas", dice Campos Cervera. Sin caer en la desconsideración, que haya suficiente libertad es fundamental para que todos estén cómodos.

"Las vacaciones de todos son también las de cada uno; no todos tienen la misma necesidad y es válido que cada uno pueda hacer lo que tenga ganas", asegura Vinacur. "Básicamente es entender que uno va a tener una convivencia con dos culturas distintas y que eso implica hábitos diferentes. Si uno va siendo realista, entonces seguramente el resultado sea bueno", concluye Campos Cervera. Elegir bien al grupo, tener algunas pautas claras de antemano y cierta tolerancia son las claves para una experiencia que siempre enriquece mucho.

 

CLAVES AMIGAS

Ponete de acuerdo de antemano con el presupuesto que vas a gastar.

Priorizá el momento compartido por encima de los programas.

Aprendé a ceder y a dar espacio respetando los tiempos y gustos de las demás.

"Hay ciertos códigos que se supone que tienen que ser respetados acá y en todos lados: es importante hablar de antemano cómo va a ser".

Nora Vinacur, psicoanalista

Fuente: Revista Para Ti

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