Huellas del pasado en el cráneo del Nessodon (Foto: Diario Río Negro)

Se trata del Museo “Dr. Rosendo Pascual” de Geología y Paleontología del Lago Gutiérrez. Se le exige que sea habilitado como comercio.

"Tengo de 65 años y ya no tengo ganas de pelear con nadie", dice Rodolfo Corsolini, director del Museo "Dr. Rosendo Pascual" de Geología y Paleontología del Lago Gutiérrez. Desde Bariloche, con el teléfono pegado a su oreja, le cuenta con indignación a Infobae Cultura que ha decidido cerrarlo.

La Municipalidad lo intimó y le puso fecha para la clausura. Le exigen que debe habilitarlo como un comercio; "¡pero esto no es un comercio!", afirma. En los primeros días de marzo, el establecimiento tendrá una faja que le impedirá abrir sus puertas al público. "Entonces lo cierro y se termina el problema. No quiero que se humille mi museo con una clausura. No me quiero amargar la vida, ni discutir con nadie, ni que me traten de mentiroso. Las melodías tienen un principio y un fin, y el museo es una melodía que lamentablemente también", asegura Corsolini.

El 23 de febrero del año pasado, la Municipalidad de San Carlos de Bariloche efectuó una resolución (Nº 00000329-I-2018 – expediente Nº 142.456-C-2017) para que el museo tramite la habilitación comercial. "Ello implica que hace más de 20 años no era exigible; aunque en la actualidad sí lo es", le lee en el documento. Si bien el establecimiento no está dentro de la órbita de museos municipales, su objetivo es la divulgación de conocimientos y material paleontológico y geológico. Basta con ver los más de 10 mil restos fósiles con los cuenta y el bajo valor de la entrada.

Los funcionarios del Municipio no le atendieron el teléfono a Infobae Cultura pero sí le dijeron ésto: "Pese al plazo otorgado en inspección general, y sucesivas ampliaciones que se le dieron, nunca inició el trámite de habilitación comercial. En los considerandos están todos los antecedentes del trámite y las reparticiones informan que nunca ingresó documentación para ajustarse al cumplimiento de la normativa. Es un lugar al que asiste gente, que debe reunir requisitos de seguridad, salidas de emergencia, matafuegos, baños, etc."

"Yo tengo una fundación que es sin fines de lucro. Hace 24 años me dijeron que no hay normas para museos. Por eso quieren que lo inscriba como un comercio, cosa que no es", dice Corsolini, y continúa: "Nosotros hemos tratado de conversar con el Municipio todo lo que se pudo pero nos enviaron la clausura. La verdad que es tristísimo. ¡Un apercibimiento de ley! ¡Como si fuera un delincuente! No quiero tener mas humillaciones de esta gente. Si tengo que trabajar para darle la plata a ellos, cierro".

Rodolfo Corsolini supo estar en tapa de diarios en varias ocasiones. En 2010, por ejemplo, cuando encontró en Pilcaniyeu junto a su hijo el primer fósil de una flor con más de 50 millones de años. O cuando halló los restos de un gliptodonte hace casi cuatro décadas atrás, en las afueras de Mar del Plata. Fue en 1992 cuando llegó a Bariloche, y desde el 20 de julio de 1995 que las puertas del Museo del Lago Gutiérrez "Doctor Rosendo Pascual" —nombre en reconocimiento a un gran paleontólogo argentino— están abiertas.

"Ha estado aquí el Embajador de Estados Unidos, Carlos Fayt cuando era Juez de la Corte Suprema, el Cónsul de Austria, el Cónsul de Chile. Aquí han pasado grandes personajes, pero también vienen muchos estudiantes, muchos turistas. Está declarado como un lugar de interés científico y cultural por la Provincia de Río Negro", comenta.

El museo funciona en Villa Los Coihues —en la calle Bosques Petrificados 367— desde hace 24 años y cuenta con más de 10 mil restos fósiles. Periódicamente recibe a vecinos, turistas y alumnos de escuelas de Bariloche con un fin didáctico. El espacio fue declarado de interés científico, cultural y turístico por la Municipalidad de San Carlos de Bariloche y la provincia de Río Negro. "Se viven momentos delicados. Y no lo digo sólo por este gobierno, porque yo soy apolítico, pero este tipo de cosas que estamos viviendo son tremendas", concluye Corsolini con más indignación que enojo.

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