Viajar, especialmente en avión, es un desencadenante común de ataques de ansiedad.

Los viajes suelen ser detonantes de trastornos de ansiedad en muchas personas. Qué hacer para mantenerla bajo control.

La ansiedad ante un viaje es una experiencia diferente para todos. Algunas personas se ponen nerviosas en lugares concurridos, que pueden ser tanto un vagón de subte como una atracción turística, un paseo grupal o las colas en una frontera. Otros no pueden dejar de preocuparse y cuestionarse. Si bien no se puede planear todo lo que podría salir mal en un viaje, muchos ansiosos se sienten más seguros efrentando problemas habituales que las nuevas situaciones que genera un viaje.

Por ello salir de casa, viajar, encontrarse en sitios desconocidos y rodeado de personas les genera trastornos de ansiedad a muchas personas. E incluso en algunos casos hasta ataque de pánico, palpitaciones, mareos y vértigo, entre otros síntomas.

La ansiedad es una emoción común a todos, pues su función es prepararnos mental, conductual y fisiológicamente para situaciones de incertidumbre. La licenciada Dalila Acuña, de los Centros de Diagnóstico DIM, considera que incluso es satisfactorio tenerla. “Como el resto de las emociones, está presente porque tiene utilidad para nuestra especie”, señala.

De hecho, la ansiedad se manifiesta de tres maneras. La primera, de forma corporal: aparece con los nervios y se expresa mediante temblores, mareo, taquicardia, sudoración o tensión muscular. En segundo lugar, de forma cognitiva, cuando se atraen pensamientos e imágenes negativas, como “me voy a sentir mal en el viaje, no sé si recordé cerrar mi casa cuando me fui”, etc. Y finalmente, de forma conductual, cuando se modifica la decisión final de hacer o no algo que estaba planificado, como posponer o cancelar un viaje.

Estas situaciones, aplicadas a la organización previa de un viaje, su transcurso y su llegada al destino, claramente son posibles detonantes de distintos niveles de ansiedad y posibles afecciones emocionales y físicas.

Trastorno de ansiedad

Según un estudio argentino de Epidemiología en Salud Mental, uno de cada tres argentinos sufrirá en algún momento de su vida trastornos de ansiedad. Otros estudios señalan que más de una de cada tres personas (36%) se preocupa por que las cosas salgan mal el primer día de sus vacaciones. Para cualquier persona que sufre de ansiedad, el concepto de viajar lejos, especialmente si se trata de un vuelo, es un desencadenante común para un ataque.

Algunos viajeros pueden aparecer en un lugar nuevo sin inconvenientes, pero para otros es más complicado. “Tener cierto grado de ansiedad nos permite estar atentos, anticipar obstáculos y desenvolvernos satisfactoriamente”, señala la licenciada Acuña. Sin embargo, cuando esa ansiedad se torna excesiva puede convertirse en crónica y, por ende, en un trastorno.

La ansiedad se vuelve negativa cuando ante cualquier estímulo la respuesta resulta desproporcionada y termina limitando la forma en la que se desenvuelven las personas habitualmente, como no atender llamadas telefónicas por miedo a recibir una mala noticia.

Recomendaciones

Si la ansiedad se presenta en situaciones puntuales y no limita la vida cotidiana, las maneras de vivir mejor y disfrutar al máximo de las vacaciones incluyen hacer actividad física, escuchar al cuerpo cuando necesita descansar, alimentarse de forma variada y saludable y en diversos momentos del día, además de tomarse el tiempo para respirar lenta y profundamente, evitar sobrecargarse de obligaciones, no posponer tareas importantes, realizar actividades placenteras de manera intencional y resolver las cuestiones que estén al alcance.

Por el contrario, “llenarse de actividades” y sentir que hay que correr de una a otra puede aumentar la ansiedad; por ello lo mejor es dejar un poco de “espacio” para moverse, no sobrecargar la agenda.

Mantenerse despierto hasta tarde antes de viajar es un síntoma de estrés que puede generar un ataque de ansiedad. Por ello es recomendable hacer un listado previo para asegurarse de llevar lo necesario. Y, para el viaje, llevar a mano libros, una almohada pequeña que recuerde al hogar o la lista de reproducción de las canciones favoritas.

Fuente: Clarín

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