La familia aseguró que había sido idea de Barizone la de viajar a Brasil.

Una semana después del fallecimiento de Daniel Barizone, le realizarán el sepelio en su provincia natal. La familia explicó la demora: "se tuvo que hacer autopsia para ver de qué había muerto".

El cuerpo de Daniel Barizone, el turista asesinado en Salvador de Bahía (Brasil), llegó a Córdoba a las 3 de la madrugada del miércoles. La información fue confirmada por Emilia Cano, esposa de Barizone, en comunicación con Mitre. Personal del servicio de sepelio lo trasladará a la sala funeraria durante la tarde para el último adiós.

Respecto a las demoras para el traslado (el crimen ocurrió el 20 de febrero), Cano explicó: “Se tuvo que hacer autopsia para ver de qué había muerto, para saber las heridas. Eso lleva tiempo. Luego debieron prepararlo para trasladarlo, ponerle sustancias químicas para que se mantenga el estado”.

Sobre el difícil momento que le toca vivir a la familia, la mujer agregó: “La verdad que es muy shockeante, aparte, la manera en que fue. Queda un recuerdo muy triste y feo. A él le gustaba mucho ir, siempre fue idea de él ir”.

“Va a ser una gran perdida y cada vez uno se conecta más con la realidad. Al principio es tan fuerte que uno no dimensiona lo que pasó”, expresó.

“Fuimos al faro a ver el atardecer. Decidimos ir justo ese día a las 5 de la tarde porque a las 6.30 se hace de noche, cuando se pone el sol. Los delincuentes parece que estaban ahí, lo leímos en su declaración. Dice que se conocían de hace poco y se habían puesto de acuerdo en asaltar a turistas. Decidieron que éramos nosotros a los que iban a asaltar”, agregó la mujer.

Con pesar, Emilia Cano recordó: “Cuando estaba oscureciendo, mi marido dijo: 'Vamos que se está haciendo de noche'. Ahí nos abordaron. Mi marido lo agarra a uno de los sujetos que me tenía agarrada. Yo me saco la riñonera y la tiro y en ese momento me contó mi hija que le clavó el cuchillo en la espalda”.

“La ambulancia se demoró”, se quejó Cano. “Lo dimos vuelta porque pensábamos que era un tiro. Con una remera lo empecé a comprimir y otra mujer lo asistía en el brazo, que lo habían cortado también. Primero pensé que era algo leve y luego vi que sangraba mucho. Él me decía que se moría”, recordó.

“Cuando vinieron a asistirlo, dos personas que para mí no eran médicos, eran paramédicos o algo así, le hicieron reanimación. Eso nada más. Una camilla o servicio de ambulancia no hubo nunca”, cerró.

Fuente: La Voz.

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