El Parlamento británico, en una sesión caótica. (AFP)

Fue durante una sesión marcada por la tensión y la falta de consensos.

En otra votación extraordinaria e imprevisible sobre el Brexit en la Cámara de los Comunes británica el miércoles por la noche, se impuso la enmienda de que la primera ministra Theresa May “permitirá votar a los diputados en un no acuerdo con la Unión Europea” y “una extensión del artículo 50”, que establece el divorcio entre el reino y el continente.

La enmienda de Ivette Cooper y el conservador Olivier Letwin se impuso por 502 votos contra 20 y obtuvo una mayoría de 482 votos. Todos quedaron boquiabiertos porque creían que no sería una enmienda a votarse. Pero reflejó la colectiva desconfianza transpartidaria frente a las intenciones de la primera ministra Theresa May y el Brexit.

Dejó al descubierto que los disidentes torys y los Brexitiers euroescépticos apoyaron esta moción en un cambio de estrategia, que deja al descubierto la ausencia de confiabilidad que reina entre ellos frente a los planes y la credibilidad que les merece la primera ministra británica. La enmienda de Cooper, una laborista que su líder Jeremy Corbyn detesta, ahogó a May con un compromiso, que hasta ahora, nadie le había arrancado en la Cámara, con su difuso y caótico acuerdo sobre el Brexit.

Fueron cinco enmiendas las que eligió el “speaker” de la Cámara de los Comunes para que fueron votadas. El líder laborista Jeremy Corbyn perdió su enmienda número 8, que auspiciaba” una unión aduanera y un cercano alineamiento al mercado único europea,” que traía incluida la libertad de movimientos.

Fue derrotado por una mayoría de 83 votos. Pero dejó en evidencia que, con su plan alternativo de Brexit rechazado, el laborismo se acercó a aceptar la convocatoria a un segundo referéndum para permanecer o no en Europa al haber perdido. Una opción que Corbyn no aceptaba, hasta que lo forzó su número 2, John McDonnell, advirtiéndole que el partido se rompía.

El referéndum debe incluir la opción de quedarse en Europa y esa es “una victoria a lo pirro” para Corbyb, que siempre había opuesto a esa alternativa pro europea, en oposición a la opinión de los diputados parlamentarios laboristas, con quien tienen una relación execrable y con diferencias ideológicas por su “entrismo” trotskista.

“Ahora nosotros apoyamos un voto público” y “seguimos apoyando una elección general o que el gobierno cambie sus líneas rojas” dijo una fuente laborista a Clarín, tras la votación.

Compartir

Comentarios