El local consiguió una importante victoria ante el Rojo.

Fue 1-0 por el gol de Lorenzo Faravelli para el local. El equipo de Ariel Holan sumó su segunda caída consecutiva. El Lobo, dio un paso vital en su lucha por permanecer en primera división.

 

 Independiente jugó mal y cayó merecidamente ante Gimnasia en La Plata. Fue 1-0 por el buen gol de Lorenzo Faravelli, pero lo más preocupante para los de Avellaneda es la tibia imagen que dejó cuando pretendía una resurrección.

El Rojo necesitaba de un comienzo enérgico, para enterrar cuanto antes la derrota en el clásico contra Racing de la fecha pasada. Requería, como pocas veces en el ciclo de Ariel Holan, un inicio a pura convicción. Eso era lo que precisaba. La teoría. Pues, bien, nada de eso ocurrió.

Si un equipo conservó la hegemonía del primer tiempo, ese fue el Lobo. Si bien las acciones del capítulo inicial se desarrollaron en un contexto de paridad, fue Gimnasia el que impuso las condiciones. La estadística confirma lo que se apreció desde el juego: antes del descanso, el conjunto local generó cinco ocasiones nítidas de gol, mientras que la visita fabricó solo una.

Mientras el elenco platense ejecutaba su plan (concentración, orden y ataques rápidos), Independiente era apenas un compendio de buenas intenciones: un equipo prolijo, aunque anodino.

¿Por qué no abrió la cuenta el Lobo en los primeros 45 minutos? Porque justo el mejor valor del Rojo fue Martín Campaña. Nada más y nada menos que su arquero. Tapó varias; la mejor, un mano a mano a Faravelli. Independiente, en cambio, inquietó a Alexis Martín Arias en una única acción y para colmo el portero atajó un peligroso cabezazo de Martín Benítez.

Si la etapa inicial no había empezado bien para el club de Avellaneda, qué decir del arranque del complemento. A la monotonía, el conjunto de Holan le agregó una desconcentración: los jugadores de Independiente descuidaron a Faravelli y el mediocampista -desmarcado y desde el borde del área- no perdonó. Su remate a colocar fue inalcanzable para Campaña y fue, también, un acto de justicia.

La apertura del marcador no resultó un despertador para el Rojo, que mantuvo su postura timorata. Ojo: el elenco visitante se adelantó varios metros en la cancha e insinuó una reacción, pero se ahogó en sus imprecisiones. El Lobo juntó sus líneas y ese bloque compacto representó una muralla infranqueable.

Ni siquiera en los minutos finales, con la desesperación como aliada para hallar fuerzas, pudo Independiente herir a Gimnasia. De hecho, la última fue para el Tripero que sobre el cierre casi aumenta la ventaja con remate del ingresado Santiago Silva. El equipo de Holan no concluyó el encuentro en campo rival, ni siquiera ejecutando centros frontales. El Rojo finalizó el partido en su área, zafando de una derrota más amplia.

Desmotivado. Así luce Independiente por estos días. No lucha el torneo en la Superliga, ni tendrá la Copa Libertadores como sí sucedió el año pasado. Resurgir después del clásico era una buena oportunidad para dar una muestra de carácter. Para recomponerse. Nada de eso pasó. Gimnasia, en cambio, dio un paso vital en su lucha por permanecer en primera división.

 

Fuente: La Nación

Compartir

Comentarios