El Papa Francisco celebrando misa en la Capilla de Santa Marta.

Lo cumple este miércoles en medio de un aluvión de denuncias sobre violaciones que involucran incluso a obispos y cardenales.

El sexto año de pontificado, que el Papa cumple este miércoles, a los 83 años, ha sido el peor para Francisco, con la Iglesia inmersa en una crisis interna y de credibilidad históricas por el agravamiento de los casos de abusos sexuales clericales contra niños y adolescentes. Son miles los curas pederastas computados en los escándalos que se acumulan en Estados Unidos, Chile, Irlanda y el resto de Europa, Australia y otros países, entre ellos Argentina, con una buena parte de los obispos responsables de encubrir a los culpables.

Los abusos se extienden a otras realidades, como las monjas violadas por sus confesores y otros clérigos abusadores, más las difundidas costumbres en Africa, Asia y la misma Roma de someter a las religiosas sexualmente por parte de curas, obispos y hasta cardenales, en un clima de absoluta omertá (silencio mafioso) al que el mismo Vaticano ha contribuido hasta hoy.

Jorge Bergoglio se juega el presente y el futuro de su pontificado en las promesas de poner bajo control el fenómeno, con procesos canónicos y castigos ejemplares a los culpables y encubridores. Esas fueron las conclusiones principales del encuentro sin precedentes de los presidentes de las conferencias episcopales mundiales y de los jefes de las Órdenes religiosas con el Papa en el Vaticano a fines del mes pasado.

Francisco pasa esta semana a unos 32 km de Roma, en Ariccia, en los ejercicios espirituales que comparte con los altos prelados de la Curia Romana, el órgano central de gobierno de la Iglesia. Se espera con gran expectativa el “motu proprio”, un documento de iniciativa pontificia, para la prevención y el contraste de los abusos sexuales “a menores y personas vulnerables”.

La crisis ha mutilado la misma Curia, diezmado episcopados e iglesias, como EE.UU., Chile e Irlanda. Hay 5.100 obispos y jefes religiosos. Este es ahora el núcleo central del drama porque para muchos será la revolución imposible: cambiar el orden actual y que los obispos acepten controles disfrazados de “ayuda” y “colaboración” que de hecho reducen su autonomía.

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