Cumbre presidencial EE.UU.- Brasil: Bolsonaro le hace una concesión a Trump sobre la compra de trigo.

La concesión podría afectar al cereal que se produce en nuestro país. Brasil es el segundo comprador mundial, tras Egipto, y el principal cliente de Argentina.

Es un tema muy sensible para la Argentina, cuya balanza comercial con Brasil se apoya fuertemente en las exportaciones de trigo, que gozan de una preferencia arancelaria del 10% desde el acuerdo de Asunción, cuando se originó el Mercosur. Los productores locales y los agentes comerciales temen que esa cuota afecte la cotización del trigo argentino, justo cuando se espera el pico de importaciones por parte de Brasil.

Brasil es el segundo importador mundial de trigo, y por lo tanto su mercado es muy atractivo para los grandes productores mundiales: Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Rusia, Australia y, por supuesto, Argentina. Brasil sólo produce el 40% de lo que consume. Su mercado interno es de 12 millones de toneladas, pero tiene dificultades para cosechar más de 5, a pesar de sus insistentes esfuerzos por alcanzar el autoabastecimiento. El trigo es un cereal típico de zonas templado frías, de las que Brasil carece. Si bien la genética está generando cada día nuevas posibilidades, la realidad es que hoy necesitan adquirir entre 6 y 7 millones de toneladas por año.

Todos los años, Brasil adquiere cierta cantidad de trigo en el exterior, atendiendo a la demanda de ciertas calidades que la Argentina no posee. Pero los molineros brasileños tienen que pagar el arancel acordado (10%). Desde hace años la central molinera, Abitrigo, presiona para que se elimine ese arancel. En la era K, la política exportadora de la Argentina les dio argumentos para que lograran alguna exención temporaria, ya que nuestro país no podía abastecerlos. Ya sea por falta de saldo exportable o por restricciones a las exportaciones, se encontraron con el camino expedito para importar sin arancel.

Pero desde que asumió el gobierno de Cambiemos, se restablecieron las condiciones para el libre comercio. Y la eliminación de las retenciones permitió un fuerte crecimiento de la producción y el saldo exportable. Esta año se logró una cosecha de más de 19 millones de toneladas, casi el doble que cinco año atrás. Una buena parte ya se embarcó, pero quedan más de cinco millones de toneladas, precisamente lo que se esperaba que comprase Brasil.

Algunos operadores locales dicen que no están comprometidas las exportaciones, lo cual es cierto. Pero hay varios temas de enorme gravitación: primero, la cuota de 750.000 toneladas sin arancel no es golondrina de un solo verano, sino que llegó para quedarse. Se trata de una cuota anual. Segundo: en lo inmediato implica una presión bajista sobre el mercado. Aunque sea el 15% de lo que le exportamos y no se ponen en riesgo las exportaciones, la decisión le pone un techo a la cotización. Es lo que buscan, precisamente, los molinos del país vecino. Indirectamente, también va a afectar las exportaciones de harina, aunque los molineros locales se podrían ver favorecidos si baja el precio del trigo argentino.

Pero lo más importante es que subraya, con gruesos trazos de evidencias, que Bolsonaro tiene la clara vocación de priorizar su relación con los EEUU respecto a su principal socio en el Mercosur. Por eso ayer en la Cancillería argentina sonaron todas las alarmas. Al cierre de esta edición, se analizaba una dura respuesta y un urgente llamado a Brasilia.

El titular del Centro de Exportadores de Cereales, Gustavo Idígoras, reconoció a última hora de este martes a Clarín que la situación es grave y afecta a un producto clave para la Argentina, donde el trigo y el maíz se habían convertido en los rubros más dinámicos de la paleta exportadora. Y remarcó que se está trabajando codo a codo con Cancillería para afrontar el diferendo.

Fuente: Clarín

Compartir

Comentarios