Prestar más atención a un hijo que a otro puede causar rivalidad entre los hermanos. Los padres no son los únicos responsables.

La competencia entre hermanos es algo normal y hasta saludable dentro de ciertos límites. Sin embargo, la cuestión suele convertirse en un problema cuando los padres alimentan esos sentimientos que irán en desmedro del buen funcionamiento familiar.

La competencia y los celos entre hermanos son algo normal y hasta saludable dentro de ciertos límites. Esa puja entre hermanos por atraer el amor de los padres -argumentan psicólogos y especialistas en niñez y familia- favorecería el aprender a luchar por lo que se quiere, y finalmente, a compartir.

Sin embargo, la cuestión suele convertirse en un problema cuando los padres, por medio de diferentes actitudes, alimentan los celos y la rivalidad entre sus hijos, con consecuencias perjudiciales para el desarrollo de la personalidad de los niños y del buen funcionamiento familiar.

Diez cosas que los adultos deben evitar

1) Hacer diferencias entre sus hijos. Por ejemplo, siempre darle la razón a uno de ellos.

2) Apoyar y acompañar más a uno que a otro.

3) Decirle a un hijo “vos sos mi preferido”.

4) Permitirle a dos hermanos que se peleen diariamente por un juguete en lugar de hacerles entender que hay que ser generosos y solidarios, y que deben aprender a compartir.

5) Incentivar a los hijos menores mostrándoles lo que hizo bien el hermano mayor, y compararlos.

6) Decirle a un hijo que siente celos de su hermano. Los más chicos tienden a creer lo que sus padres dicen sobre ellos: si se le repite a un hijo que tiene envidia o celos del otro, posiblemente termine experimentando esos sentimientos, sumados a otros como confusión o bronca.

7) Repetir observaciones subjetivas como “vos saliste igual de retraído que tu padre”. De esta manera sólo se consigue que el niño se identifique con esa condición.

8) Tratar como un bebé al hijo menor aunque ya sea grande. Esta situación propicia que los hermanos mayores sientan que su “hermanito” es el preferido y que todos tienen que girar alrededor de él.

9) Remarcar lo positivo de un hijo y lo negativo del otro. Esto genera que uno de ellos se sienta valorizado y el otro no.

10) Señalar “a vos te gusta leer como a mí” o “a vos te gusta el fútbol como a mí”. La frase actúa como límite que divide el territorio en dos: por un lado, un hijo, y por otro, el papá y el hermano, que integran una comunidad selecta.

¿Y  los abuelos o tíos? Una situación muy común es que algún familiar invite a dormir o a pasar el día siempre al mismo nieto o sobrino, o le hagan mejores regalos que a su hermano. Estas actitudes que subrayan diferencias e incrementan el conflicto merecen una conversación amable pero firme de los padres con el abuelo o tío que las genera.

 

Fuente: Revista Vivir Mejor.

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