Apto médico escolar: su importancia en la detección de enfermedades en niños.

En muchos casos es el único chequeo médico que se le realizará a los chicos durante todo el año. Sirve para detectar algunas dificultades o enfermedades de evolución lenta y que pueden comprometer el presente y el futuro de la salud de los niños.

 “Familia, recuerden enviar el apto médico”

El pedido llega por nota en los cuadernos de los niños en el primer mes de clases. Una gran cantidad de padres lo ven como un trámite, un papel más que presentar, sin embargo los especialistas destacan la importancia del que en muchos casos es el único chequeo médico que se le realizará a los chicos durante todo el año.

Desde la Cámara de Instituciones de Diagnóstico Médico (CA.DI.ME.) precisan que “estos controles son claves para obtener información sobre el estado en el que los chicos inician su formación”.

“La edad escolar es una oportunidad muy importante para detectar algunas dificultades o enfermedades de evolución lenta, con escasa manifestación sintomática y que pueden comprometer el presente y el futuro de la salud de los niños”, sostienen desde CA.DI.ME. En este contexto, afirman que el apto médico escolar “deja de ser una mera cuestión burocrática” para transformarse en un estudio a través del cual se pueden identificar enfermedades como asma, diabetes, obesidad y sobrepeso, trastornos oculares, enfermedades bucodentales y algunos trastornos neurológicos, añaden.

Desde la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), en tanto, la médica cardióloga Alejandra Angrisani explica que el examen clínico consta de dos etapas:

La primera incluye un interrogatorio completo, que permite conocer los datos personales, verificar que el carnet de vacunación esté completo y actualizado, recabar información sobre antecedentes de enfermedades previas y antecedentes quirúrgicos. También, se preguntará si el niño manifiesta síntomas cuando realiza actividad física como palpitaciones, falta de aire, dolor en el pecho o si presenta desmayos al realizar la práctica. El pediatra indagará además sobre los antecedentes heredo-familiares, en especial, los cardiovasculares como por ejemplo si algún familiar cercano menor de 50 años tuvo eventos coronarios o muerte súbita, o si tiene hermanos o padres con alguna enfermedad genética cardiovascular. Es importante consignar si el niño toma algún fármaco y si es alérgico a algún medicamento.

La segunda etapa consta del examen físico. Aquí se va a realizar la medición de la talla, el peso corporal y el índice de masa corporal. Un examen osteomuscular para evaluar lesiones previas, movilidad articular y fuerza muscular.

Desde la FCA, apuntan que el examen cardiovascular, además de la auscultación cardíaca que ayuda a detectar o descartar soplos y/o alteraciones en los latidos cardíacos, debe incluir la toma de presión arterial.

 “Si en el interrogatorio y en el examen físico se encuentra al niño sano, sin ninguna sospecha de alguna patología, no es necesario avanzar con estudios complementarios como el electrocardiograma. Si fuera necesario, el ECG se realizará en reposo y permite la detección de alteraciones eléctricas, arritmias, modificaciones que sugieran la presencia de enfermedades del músculo cardíaco y trastornos de la conducción eléctrica. En los adolescentes sanos, se aconseja realizar por lo menos uno al año. En tanto, la realización de un ecocardiograma y una ergometría dependerá de la indicación de un especialista. Si se sospechara alguna alteración cardíaca o se encuentran alteraciones en el examen físico, se solicitarán estos dos estudios para descartar alguna patología que pudiese impedir la realización de actividad física escolar”, señala el comunicado. Y destaca que esos estudios complementarios también se deberían realizar a los adolescentes que realizan deportes, sobre todo competitivos.

En algunas instituciones además solicitan un examen oftalmológico y un examen bucal para tener un control de salud completo del niño, no porque esto represente alguna contraindicación para la realización de actividad física.

“El nuevo ciclo escolar es una oportunidad para comenzar el año de manera saludable. Acompañar todo esto con una alimentación adecuada, una buena hidratación, respetar las horas de sueño y el juego en familia, ayudan al sano desarrollo de los niños y a mejorar su rendimiento”, concluye Angrisani.

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