El premier italiano, Giuseppe Conte, recibió este sábado en Roma al presidente chino Xi Jinping, donde firmaron el acuerdo por la Ruta de la Seda. /BLOOMBERG

El presidente de China Xi Jinping, en visita oficial a Roma, presenció sonriente la firma de un acuerdo que incorpora a Italia en la megainiciativa de la Nueva Ruta de la Seda.

El presidente de China Xi Jinping, en visita oficial a Roma, obtuvo una gran victoria geopolítica este sábado al presenciar sonriente la firma de un acuerdo marco que incorpora a Italia en la megainiciativa de la Nueva Ruta de la Seda, un entramado de rutas marítimas y terrestres, puertos y ferrocarriles, que constituyen el más importante sistema global para facilitar los intercambios, comerciales y de inversiones, entre China y 65 países en Asia, Africa y Europa. Un proyecto de un billón de dólares. El Memorandum de Entendimiento ítalo-chino no crea vínculos jurídicos sino un acuerdo programático entre las dos naciones, que ha dado lugar a muchos recelos.

Italia es la primera de las siete potencias capitalistas del G7 (los otros seis son Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña y Canadá) que sube a bordo de la Nueva Ruta de la Seda. También es el primer país fundador de la Unión Europea que da el gran paso, pese a la reticencia de los europeos porque entienden que el acuerdo debe ser manejado a nivel de la UE y que ningún país puede cortarse solo.

Otros países de la UE han firmado la adhesión a la Nueva Ruta de la Seda: Portugal, Malta, Bulgaria, Croacia, la República Checa, Hungría, Grecia, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Eslovenia. Pero Italia, con 60 millones de habitantes, representa un caso aparte por su importancia estratégica y por ser el segundo país manufacturero europeo, detrás de Alemania.

Estados Unidos ha lanzado una dura batalla geopolítica que apuntó primero a imponer a Italia a abandonar la tentación de hacer punta en favor de la Nueva Ruta para superar el estancamiento económico que padece, debido a la crisis mundial iniciada en 2008 de la cual no ha logrado salir.

Washington es la superpotencia calante, mientras que China acelera para sustituirla en el primer lugar, quizás antes de 2050, en parte gracias al éxito de la Nueva Ruta de la Seda. La estrategia del presidente Donald Trump consiste en impedir o retrasar este proceso y una de sus facetas es el contenimiento de la penetración de China en Europa, pues la dinámica del megaproyecto incluye inevitablemente el dominio de rutas terrestres, marítimas y ferroviarias, de puertos y de empresas con altas tecnologías que pueden ser transferidas bajo el control del régimen comunista de Beijing.

La enconada presión norteamericana, que incluyó claras amenazas, más la hostilidad de los socios europeos, obligó a los italianos a redimensionar el Memorandum. Una parte de los cuarenta protocolos operativos han sido cancelados “por ahora” y otros fueron postergados.

En la reunión realizada en Villa Madama, en Roma, este sábado, altos funcionarios italianos y chinos intercambiaron, tras firmar el Memorandum, otros 29 acuerdos.

El convidado de piedra del histórico acuerdo fue el hombre fuerte del régimen populista, el ministro del Interior de ultraderecha Matteo Salvini, que no asistió a ningún acto ni a la cena de gala de anoche en honor de Xi Jinping Salvini, campeón de los soberanistas de ultraderecha, aceptó las presiones norteamericanas que son irresistibles para sus proyectos de conquistar plenamente el poder tras unas elecciones anticipadas que los sondeos demuestran que ganaría.

Los temas críticos excluídos o redimensionados fueron los relacionados en primer lugar con las telecomunicaciones, por el temor de los norteamericanos a que los italianos abrieran a China las puertas para la penetración del sistema 5G de Internet veloz a través de la empresa Huawei. El sistema 5G revoluciona todo el mundo de la informática y EEUU sostiene que los peligros para la seguridad occidental de la penetración china incluyen las tecnologías incorporadas a los aviones militares F35 norteamericanos, pero también utilizados por los otros países de la OTAN, la alianza atlántica.

Fuente: Clarín

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