Les Luthiers en el Congreso de la Lengua

El grupo argentino estuvo ante más de 24.000 personas, en el evento más convocante de este encuentro.

El conjunto humorístico-musical se presentó ante una verdadera multitud en la Ciudad Universitaria de la UNC.

Por eso es que, anoche, un inmenso gentío se reunió bajo el cielo abierto de la Ciudad Universitaria. La chispa inteligente del mítico grupo era la ventana a la risa propuesta por el Cile, y miles fueron a tomarla, encima con entrada libre y gratuita.

Que el medio siglo de camino de los Les Luthiers haya atravesado de gracia a más de un par de generaciones, quedó claro en los primeros momentos: bastó la sola mención del compositor Johann Sebastian Mastropiero para que la multitud expusiera sus ganas de carcajadas. Se plantaron en el escenario montado contra el Pabellón Argentino a los hombres vestidos con el clásico frac que les da ese aire solemne, fértil a su vez para el ridículo.

No vino Marcos Mundstock por razones de salud, y su lugar lo ocupó uno de los reemplazante habituales: Roberto Antier. En el resto de la formación estaban los históricos Jorge Maronna y Carlos López Puccio, mas Horacio “Tato” Murano, Martín O’Connor y Tomás Mayer-Wolf.

La ocurrencia original del grupo nace de la música, para la que cuentan con algunos talentos decisivos en la formación. La invención de instrumentos inesperados (uno hecho de cocos, otro de pelotas de goma, por ejemplo), mas el uso hilarante de esos recursos musicales sin límites de género, son parte decisiva de la fórmula de la gracia. Otra son las palabras, y el tercer elemento es la puesta teatral, la capacidad de comediantes que tienen todos.

“Las majas del bergantín”, “La cumbia de Mastropiero”, el bolero Te perdono fueron algunos de los temas que marcaron al comienzo el rumbo de la noche.

Son tantas las creaciones que han jalonado en estas décadas que el repertorio parece inabarcable. Del rescate de esas obras, sobre todo de las que sobreviven a la mirada cultural de este tiempo, se han nutrido los últimos espectáculos del grupo.

Hasta el momento en que todos se acomodaron para disfrutar del show, hubo cierto desconcierto, pero pronto la multitud se quedó atenta a lo que se oía, y brindó puras risas y puros aplausos.

En ese clima de disfrute transcurría la noche hasta que, al cabo de una hora y media de espectáculo, llegó el final. El consuelo del bis (tradicional “fuera de programa”) trajo nada menos que El explicao, de Cantalicio Luna y Los jóvenes de hoy en día.

No importan los años que tengan esas composiciones, los motivos para reír siguen intactos. Era una risa bien nueva y fresca la que la multitud se fue saboreando de regreso a casa.

Fuente: La voz

 

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